Declaración del MRO ante la escalada de la agresión imperialista sobre Venezuela

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28.Feb.19 :: General

En la foto un abrazo entre Maduro y Luis Almagro, el actual presidente de la OEA y principal vocero de las posturas más reaccionarias y pro guerreristas contra Venezuela, postura a la que llega luego de haber sido canciller en el gobierno de José Mujica y haber sido el responsable del mantenimiento de las estrechas relaciones que, mientras hubo petrodólares en abundancia, mantuvo el Frente Amplio con el chavismo



Se está llevando adelante en estos momentos una fuerte escalada de la agresión yanqui sobre Venezuela, con la finalidad, por parte de la mayor potencia imperialista, de asegurarse el control absoluto de los enormes recursos naturales de ese país, propietario de las mayores reservas de petroleo del mundo, de yacimientos de coltan, oro, etc, en el marco de su lucha por mantener la hegemonía económica, política y militar frente a las aspiraciones de otras potencias imperialistas como China y Rusia que han pretendido expander su influencia en Latinoamérica, considerada desde siempre por los yanquis su patio trasero.

Con la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente en funciones, se ha acelerado el crecimiento de la presión norteamericana para provocar la caída de Maduro.

Se están siguiendo los mismos pasos que en Siria, Libia y tantos otros países donde la principal potencia imperialista decidió llegar hasta la intervención militar en su afán de defender los intereses de sus monopolios y controlar recursos estratégicos

Apoyándose en la crisis económica, social y política producida en el país por la política del propio gobierno local, se lanzan sanciones económicas que profundizan la situación de miseria y el descontento de las masas, se realiza una amplia campaña diplomática buscando generar una coalición de países dispuestos a sostener política y materialmente la agresión yanqui, se busca el surgimiento de alguna figura política capaz de generar un gobierno paralelo, generalmente en el exilio, se montan provocaciones que muestren que el régimen está dispuesto a reprimir a sectores de masas movilizados, para posteriormente pasar a una fase de intervención militar directa, primeramente mediante el apoyo a grupos irregulares, formados por mercenarios y sectores leales a la oposición, pasando luego a los bombardeos de objetivos militares, económicos y civiles, llevando el país a una situación de caos extremo que termine o con la invasión o con la sustitución del régimen por otro que se desea imponer. Por supuesto que el saldo de todo este proceso es la destrucción de la mayor parte de la infraestructura del país, de su base económica, y el hundimiento de su pueblo en una situación de miseria extrema.

Actualmente en Venezuela se está ante el establecimiento de las condiciones que permitan pasar a una fase de intervención militar directa.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el ex ministro de relaciones exteriores del gobierno del frenteamplista José Mujica, Luis Almagro, fue muy claro cuando en la ciudad de Cúcuta, en la frontera entre Colombia y Venezuela, el 22 de febrero, en medio de la maniobra de provocación montada con la excusa de hacer llegar “ayuda humanitaria” yanqui al país, al lado del presidente de Chile, Sebastián Piñera, el de Paraguay, Mario Abdo, el de Colombia, Iván Duque y el actual referente de la oposición de Venezuela, el autoproclamado presidente Juan Guaidó, decía. “No hay camino más pacífico que este, que el que vimos hoy en el concierto de los pueblos de Colombia y Venezuela, transmitiendo con alegría su confianza en el futuro, y su compromiso con que el día de mañana la ayuda milit… la ayuda humanitaria tiene que cruzar la frontera, porque es necesaria para el propio pueblo de Venezuela”.

Más claro imposible, la “ayuda” humanitaria, no es otra cosa que una excusa para generar condiciones para que llegue la “ayuda” militar.

Casi todos los pasos que se mencionaban anteriormente se han cumplido en el caso Venezolano.
La situación económica se hace insostenible para las masas y el gobierno se muestra incapaz de generar alguna alternativa para salir del caos.
El PBI no ha dejado de caer desde 2013, y solo en los últimos tres años ha perdido casi un 45%, la producción petrolera ha entrado en una acelerada caída, pasó de 2,4 millones de barriles diarios en 2012 a 1,1 millones de barriles en el 2018, llegando a los menores niveles en tres décadas, lo cual se suma al descenso de los precios del petróleo, fuente de casi la totalidad de las divisas que ingresan al país. Esta situación, sumada a la especulación de las grandes empresas importadoras, y a la corrupción del gobierno, ha sumido al país en una situación de desabastecimiento y de hiperinflación, generando una miseria masiva y un éxodo generalizado hacia el exterior del país.
Es este proceso el que ha generado la pérdida de apoyo de un régimen chavista que en sus épocas de esplendor arrasaba electoralmente y que al comenzar su inevitable declive comenzó a perder elecciones ante la oposición y a sufrir un fuerte abstencionismo electoral.
Sobre este panorama es que se montan las sanciones económicas que llevan adelante EEUU y sus aliados y que actualmente implican el congelamiento de la mayoría de los activos venezolanos en el exterior.
En casos similares, en otros países, esos capitales confiscados al país se han usado para financiar a los gobiernos paralelos y a las incursiones militares que desarrollan el proceso de guerra civil.
Ese es el objetivo que actualmente persigue Guaidó con los fondos confiscados a Venezuela por parte de EEUU, sobre todo con los activos de PDVSA y varios países europeos, entre los que se cuenta Inglaterra que ha confiscado las reservas de oro que el gobierno de Maduro ha depositado allí.

En el plano diplomático Estados Unidos cuenta con el respaldo de los gobierno de casi todos los países de la región, y especialmente de los más grandes, Brasil, Argentina, Colombia, Chile. Todos bajo gobiernos abiertamente reaccionarios brindan su total respaldo a la escalada de agresiones contra Venezuela. No es para nada casual que la abierta amenaza de Almagro haya sido hecha en la frontera Venezolana, con la presencia de varios de los presidentes de estos países.
Además de esto, el respaldo de la UE, Japón, y otros países, le brinda a Estados Unidos todo el respaldo diplomático que necesita para llevar adelante este proceso.

En el plano militar por supuesto que EEUU cuenta con recursos más que suficientes para llevar adelante sus planes en Venezuela. Usando como punto de apoyo a Colombia, con el apoyo del gobierno de Brasil el paso más inmediato es comenzar la penetración de grupos dispuestos a comenzar una guerra irregular que lleve al límite el estado de caos del país y el desgaste del gobierno, justificando al mismo tiempo una escalada de violencia. Por otro lado, ya las fuerzas militares yanquis desplegadas aseguran la posibilidad de comenzar una acción militar “limitada”, en forma paralela o escalonada, que permita contemplar las limitaciones políticas y diplomáticas con que cuenta el apoyo a una acción militar, mediante los bombardeos dirigidos a la infraestructura y a la población civil. La presencia de hasta dos grupos de portaaviones en rango de ataque a Venezuela, sumados a las bases que los norteamericanos poseen en el caribe y en Colombia, junto al apoyo brasileño, son más que suficientes para esto.

El vergonzoso papel del Frente Amplio

Las acciones del gobierno del Frente Amplio de Uruguay se constituyeron en otra muestra de lo bajo que puede caer el reformismo.
Una muestra más que grosera la había dado ya Almagro, el actual presidente de la OEA y principal vocero de las posturas más reaccionarias y pro guerreristas contra Venezuela, postura a la que llega luego de haber sido canciller en el gobierno de José Mujica y haber sido el responsable del mantenimiento de las estrechas relaciones que, mientras hubo petrodólares en abundancia, mantuvo el Frente Amplio con el chavismo.

Pero ahora un proceso similar ha seguido el Frente Amplio ya en forma institucional.
Un Frente Amplio que había tenido relaciones estrechas con el chavismo en todos sus gobiernos, disfrutando de la política de comprar favores que desarrolló ese régimen cuando gozaba de la abundancia de ingresos por el petróleo, se ha plegado cada vez más a la línea de los gobiernos más reaccionarios de la región con respecto a Venezuela.

Si bien al principio el gobierno frenteamplista se negó a firmar la declaración del llamado grupo de Lima, que reconocía como presidente a Guaidó, terminó por dar un giro de 180 grados en su postura, fruto de las presiones de los gobiernos imperialistas a los cuales está totalmente sometido, pasando a reclamar la realización de elecciones adelantadas, es decir a reclamar la caída de Maduro y por ende la asunción de la derecha más reaccionaria.

Es esta otra muestra de como el reformismo es capaz de asumir cualquier postura con tal de mantenerse en un gobierno o en una situación de privilegio, traicionando a sus aliados sin ningún rubor y sin atenerse a ningún tipo de principios.

La cara desnuda de la conciliación de clases

Lo que ocurre actualmente en Venezuela es la consecuencia directa del proceso chavista, no es algo ajeno a él, es el fruto del desarrollo del mismo hasta sus últimas consecuencias.
Desde nuestra organización hemos caracterizado siempre al chavismo como un proceso que nada tiene para dar por la liberación de nuestros pueblos. Vale la pena recordar en ese sentido parte de la declaración que junto a otras organizaciones, en el marco del VII Encuentro Guevarista organizado por la Coordinadora Guevarista Internacionalista, firmábamos en 2014, cuando con el comienzo del declive económico del proceso chavista, a partir de la caída del precio del petróleo, comenzaba a cobrar fuerza la oposición de derecha al régimen:
“El gobierno de Maduro es la continuidad del chavismo de neto corte populista, no hay revolución socialista en Venezuela, hay capitalismo puro. La oposición a Maduro plantea también más capitalismo, con el imperialismo yanqui metiendo la cola a favor de los monopolios que representa y para los cuales pretende garantizar mejores condiciones de explotación y dominio, puntualmente sobre el petróleo que el gobierno chavista nunca dejó de vender a EEUU alimentando la maquinaria capitalista.
Por lo tanto ninguna de estas expresiones le sirve como solución a las demandas más sentidas de todos lo a los trabajadores. Se disputan el manejo del poder, mientras la explotación al pueblo no ha cambiado.
Todo lo que proviene de los sectores hoy enfrentados tiene que ver con las políticas e intereses de los grandes grupos económicos en la región.
Por eso decimos que estamos con el pueblo trabajador, no con las direcciones de los sectores enfrentados que representan a las grandes corporaciones, no hay uno que convenga más, son variantes capitalistas, que hambrean y saquean a los trabajadores.
Un verdadero gobierno revolucionario socialista, debe plantearse y poner inmediatamente en práctica la expropiación de la burguesía y el establecimiento de un gobierno de los trabajadores a partir de la destrucción del aparato burocrático represivo de la burguesía. Nada de esto se ha realizado en Venezuela, y nada de esto se realizará hasta que la clase trabajadora logre generar una propuesta política propia, realmente revolucionaria y socialista, dejando atrás los planteos políticos que la someten a ser furgón de cola de la política de la burguesía.”
El chavismo formo parte del auge de una tendencia que expresó la política de conciliación de clases que se dio en América Latina en la década pasada y que tuvo como expresiones más fuertes al propio chavismo, al PT de Brasil, al Kirchnerismo en Argentina, a Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, la Concertación en Chile, Lugo en Paraguay y el Frente Amplio en Uruguay.
Por supuesto que todos estos procesos tuvieron y tienen profundas diferencias entre sí. Van desde el populismo, hasta el reformismo, los hubo mas radicales y más liberales, pero todos tienen el denominador común de expresar la política de conciliación de clases, la política de poner al movimiento obrero y popular detrás de proyectos de burguesías nacionales.
Todos ellos se desarrollaron a partir de la crisis de principios de siglo que generó amplias movilizaciones de masas, sobre las que se montaron estos partidos políticos, para aplacarlas y desviar las energías de las masas hacia el mantenimiento de las estructuras de dominación de la burguesía. Todos ellos se aprovecharon del período de casi una década que siguió de excepcionales precios de las materias primas para, al mismo tiempo que profundizaban el carácter primarizado y por lo tanto dependiente de las economías de nuestros países, generar algunas mejoras para las masas, sobre todo si se compara este periodo con la situación vivida a principios de siglo, en plena crisis.

La presente década marco, junto con el inevitable declive económico de estos procesos, su también inevitable ocaso político, dando paso en todos los lugares a expresiones de la derecha tradicional, o a nuevos exponentes de las tendencias más reaccionarias de la burguesía.
Es que la consecuencia directa del auge del oportunismo es el desarme ideológico de las masas, la pérdida de confianza en su capacidad de lucha y organización independiente, lo cual, junto al retorno de la crisis económica, siembra el camino para el crecimiento de posturas reaccionarias.

Lo que tiene de especifico el caso venezolano es por un lado la determinación con que la burocracia estatal, unida a las fuerzas armadas en el manejo del estado, esta dispuesta a mantenerse en el poder, y al mismo tiempo la enorme riqueza en recursos que posee el país, lo cual lo hace un blanco directo de los yanquis.

Es posible derrotar la agresión yanqui

No hay ninguna duda de esto. En nuestra América permanece imborrable el recuerdo de Playa Girón como ejemplo de la victoria de un pueblo sobre la agresión imperialista.

Sin embargo, para enfrentar al imperialismo es necesario no solo el heroísmo de un pueblo, sino que es también indispensable un liderazgo a la altura de las circunstancias, una dirección política que cuente con la confianza del pueblo, de honestidad, firmeza ideológica y consecuencia política probadas.
Por supuesto que esas características solo puede tenerlas una dirección política revolucionaria, y nunca estarán al alcance de un gobierno altamente corrupto, burocratizado, y que nunca demostró estar dispuesto a ir a fondo contra los intereses de la oligarquía local y de los monopolios imperialistas, como lo es el de Maduro y su antecesor Chavez.

En este aspecto debemos ser extremadamente claros, el principal responsable de la situación terrible en que se encuentra en estos momentos el pueblo venezolano es el chavismo.
Ni bajo los gobiernos de Chavez, en los momentos de esplendor del proceso, ni en la decadencia del mismo dirigida por Maduro, hubo en Venezuela un proceso que consecuentemente apuntara contra los privilegios de la oligarquía ni contra los intereses de los monopolios. Lo que se dio, y con grandes limitaciones, fue un proceso de re negociación de las condiciones de la asociación de los capitales venezolanos con los capitales imperialistas y un proceso de apertura a las relaciones de explotación con capitales imperialistas de otras potencias, especialmente China y Rusia.
En este marco, por supuesto que se dieron mejoras importantes para las condiciones de vida de las masas, en tanto y en cuanto los brutales niveles de flujo de dolares que entraban con un barril a 130 dolares permitían no solo el gran negocio de las multinacionales y la oligarquía nacional, sino el surgimiento, desde la burocracia cívico militar que dirige el estado, de un grupo de nuevos ricos, y, en última instancia, el derrame a las masas.
En este proceso, el chavismo, lejos de impulsar un proceso de desarrollo de la autonomía productiva del país, al menos en lo que tiene que ver con el sustento básico de alimentos y productos indispensables, genero un proceso especulativo feroz, una fuga de capitales de cientos de miles de millones de dólares, un enorme endeudamiento del país, y al igual que todos los llamados gobiernos “progres”, reforzó enormemente el carácter primarizado de la economía del país, haciéndolo más dependiente que nunca de las exportaciones de petróleo y sujeto por lo tanto a los vaivenes de su precio.
Es así que el carácter rentista de la economía venezolana se acentuó durante el chavismo y es esa característica esencial de la misma la responsable de la actual situación.

Fueron los gobiernos chavistas los que mantuvieron intocados a los grandes burgueses venezolanos, los que han negociado constantemente con los partidos de la derecha, fueron los gobiernos chavistas los que encarcelaron a militantes sindicales clasistas, los que generaron una enorme red de clientelismo del estado, los que combatieron toda forma de organización política independiente por izquierda.

La terrible situación actual de Venezuela reafirma una vez más una enseñanza que nuestros pueblos no deben olvidar nunca, y es que de la mano de la conciliación con la burguesía nacional solo viene más opresión, miseria y sufrimiento para nuestros pueblos. Nunca, ningún proceso nacionalista burgués, llevará a la liberación de nuestros pueblos frente al imperialismo. Cada vez que uno de nuestros pueblos repite esta experiencia, lo paga extremadamente caro.

El seguidismo al chavismo, ahora bajo la dirección de Maduro solo puede asegurarle a las masas populares y a la izquierda el ser usados como carne de cañón, como moneda de cambio al momento de negociar, como nunca dejó de hacerlo, con las organizaciones de la oposición de derecha.
Como decíamos al principio del apartado, si, es posible derrotar al imperialismo, pero no bajo la dirección del chavismo o cualquier variante reformista o populista.
Para derrotar al imperialismo es necesario construir una dirección revolucionaria para el movimiento de masas y sus organizaciones populares y eso solo es posible hacerlo desde una política independiente, no desde el seguidismo al chavismo.

No es posible luchar contra el imperialismo sin combatir al reformismo

La izquierda revolucionaria de nuestro continente no ha sido capaz de enfrentar con éxito el desafío de desarrollar una política independiente, con influencia de masas, durante el auge de los gobiernos conciliadores.
En la mayoría de los casos las organizaciones de izquierda revolucionaria cayeron en la derrota ideológica de hacer seguidismo de estos procesos, con la excusa de no apartarse de las masas.
Todo el poder de los estados, en el marco de un auge económico importante dio a los gobiernos de este tipo la fuerza para hegemonizar el favor de las masas y, en su mayoría, la izquierda revolucionaria no fue capaz de, en este proceso, tener la claridad necesaria para asumir el quedar en minoría, defender los principios ideológicos, construir una política independiente que les permitieran no ser absorbidos por la vorágine de la conciliación de clases.
Pero la debilidad ideológica, la falta de firmeza en la defensa de los principios por parte de la mayoría de las organizaciones de izquierda no solo no les permitió construir una alternativa en el marco del auge de los conciliadores, sino que actualmente, en momentos en que se produce una hegemonía de posicionamientos políticos y gobiernos abiertamente reaccionarios, vuelven a colocarse a la cola del reformismo o el populismo.
Ahora es el llamado de los “frentes antifascistas” el que nuevamente vuelve a colocar a la mayoría de las organizaciones que se reivindican de izquierda a la cola de las posturas de conciliación de clases. Nuevamente la excusa es el no quedar aislados de las masas, nuevamente la realidad es que no se tiene la firmeza para asumir decididamente las tareas que la situación política impone a aquellos que realmente asuman una postura revolucionaria.
En todo el continente la tarea es construir una alternativa política revolucionaria, que dispute la dirección del movimiento de masas al reformismo y al populismo, en el marco ahora del auge de gobiernos abiertamente reaccionarios, en condiciones de represión abierta y de injerencia descarada del imperialismo.
La lucha contra la agresión imperialista en Venezuela y en todo el continente solo se puede dar al mismo tiempo que la lucha contra las tendencias políticas que expresan la conciliación de clases.
El apoyo desde los países de la región al pueblo venezolano solo puede ser real y efectivo en la medida que sea parte de la lucha contra los grupos políticos que solo quieren seguir usando al movimiento de masas para volver al gobierno y poder seguir negociando la entrega de todos nuestros pueblos al imperialismo.
La lucha del pueblo venezolano por resistir a la ofensiva imperialista solo podrá dar frutos en la medida que en el desarrollo de la misma pueda ir rompiendo con el lastre que significa el chavismo. Para eso es indispensable que los revolucionarios de ese país asuman una línea política independiente del gobierno, con su propio programa, sus propias consignas y su propia organización. Sólo así será posible que se conviertan en una alternativa de dirección para el pueblo y sus organizaciones.

Se ha abierto una nueva fase de la agresión imperialista sobre Venezuela y sobre nuestra América Latina toda, una fase que deparará tremendas penurias a este pueblo hermano y a todos los pueblos de nuestro continente. La responsabilidad de la izquierda revolucionaria venezolana y latinoamericana es enorme, es la de asumir, sin atajos, sin excusas, la enorme tarea de construir una alternativa de dirección para las masas explotadas de nuestros pueblos, en una larguísima y cruel lucha de liberación contra el imperialismo y las oligarquías locales aliadas a el.

¡Contra la agresión imperialista sobre el pueblo venezolano!
¡Fuera yanquis de Venezuela y de América Latina!
¡Por el derecho a la autodeterminación de los pueblos!
¡Contra el reformismo, el populismo y todas las expresiones de la conciliación de clases!
¡Por la Revolución y el Socialismo!

MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO ORIENTAL

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