Estrategia y Táctica Militar Artiguista. La Defensa de la Revolución. Parte I

ARTIGUISMO - CHARLA V-
24 DE SETIEMBRE de 2010. Primera Parte




En las cuatro charlas anteriores nos referimos en la primera a las raíces ideológicas que conformaron los principios ideológicos de la Revolución de Mayo y que también guiaron la Revolución Artiguista, los pro-partidos (las logias) que llevaron adelante la etapa conspirativa con la misión de fusionar la ideología revolucionaria con la clase burguesa y la incidencia en el programa revolucionario de las luchas de las mayorías oprimidas(criollos pobres, indios y esclavos); en la segunda se desarrollan los principios artiguistas que conforman la concepción integral del proyecto (independencia, soberanía, federalismo, republicanismo) en el marco de una estrategia regional y americanista; en la tercera se analiza cuando estando la Liga Federal en su apogeo y Artigas en el gobierno de la Banda Oriental se comienza a aplicar el programa y se toca el tema de la tierra, el “ arreglo de los campos” mediante el Reglamento de fomento de la Campaña”; en la cuarta se consideran las medidas complementarias a la reforma agraria donde en el sistema artiguista eran fundamentales la protección a las industrias de las provincias, el intercambio sin trabas interprovincial, los impuestos a las mercaderías del extranjero, el fomento de la agricultura, el desarrollo de la salud y la cultura, y la necesidad de dotar a la revolución de los materiales bélicos para su defensa.
En esta charla, trataremos de analizar y justipreciar ese heroico período denominado la Patria Vieja , desde un punto de vista de la estrategia y táctica militar de la época, la correlación de fuerzas entre las fuerzas revolucionarias y las fuerzas colonialistas, españolas y lusobrasileñas, las armas, las técnicas de guerra y el terreno. Todos los combates estuvieron signados por los objetivos revolucionarios, mediante la lucha (independencia) y la unidad (confederación).

ASPECTOS MILITARES DEL ARTIGUISMO:

La guerra es política continuada por otros medios y el estudio de la guerra en defensa del proyecto Artiguista debe partir de esta premisa.
El desempeño de Artigas como conductor militar acompaña el desarrollo de la guerra independentista. Primero como jefe de una parte de los ejércitos que se enfrentaban a España, para llegar a convertirse, en el proceso de la lucha, en el conductor estratégico de la guerra en defensa del proyecto federal contra el centralismo de Buenos Aires y contra las invasiones portuguesas.
En este sentido, el estudio del proceso militar Artiguista debe enfocarse teniendo en cuenta la manera que el mismo abordo los aspectos tácticos y estratégicos de la guerra. En cualquier caso debe recordarse que táctica y estrategia constituyen dos polos de una contradicción no-antagónica, por lo que los principios políticos e ideológicos que se plasman en cada uno de ellos son los mismos, siendo diferentes los aspectos específicos y la magnitud de las tareas a enfrentar y los medios a manejar.
En ese sentido, la conducción de la guerra por parte de Artigas, tanto cuando estudiamos un encuentro determinado (aspecto táctico), como cuando estudiamos una campaña completa (aspecto estratégico), parte de la premisa de que se trata de una guerra de todo el pueblo, y guiada por las ideas de federalismo y soberanía, por lo que el apoyo y la acción de las masas populares, así como la unidad de las diferentes provincias, se constituyen en el pilar de la táctica y la estrategia empleadas.
De esta manera las fortalezas con las que cuentan las fuerzas populares revolucionarias serán la superioridad moral sobre el enemigo, generalmente soldados profesionales, y por otro lado el amplio conocimiento del terreno y los recursos que de él se pueden extraer.
Artigas no concibió nunca, a la Provincia Oriental peleando sola por su independencia. Desde el principio y profundizándolo con el desarrollo de la guerra, las medidas tomadas por Artigas tienden a hacer el combate en la Provincia Oriental una parte del proceso más general de la guerra por la independencia de todas las Provincias del Plata.
De esta manera, podemos abordar el estudio más detenido de algunos aspectos tácticos y estratégicos de la defensa de la revolución llevada adelante por los ejércitos conducidos por Artigas, a partir de las premisas de que se trata de una guerra popular, revolucionaria y que involucró al conjunto de las Provincias Unidas.

Para pasar a entrar ya en un análisis más estrictamente en el plano militar debemos considerar no solo el desempeño de las fuerzas revolucionarias, sino también el del enemigo que tenían enfrente.
Para hacer esto habrá que tener en cuenta varios aspectos, como los recursos materiales con que se contaba y la composición y preparación de la tropa.

Características de las fuerzas revolucionarias

Las armas
En las campañas artiguistas, el fusil en uso fue de calibre 17,5 caño liso y bala esférica, de cargar por la, boca. Solo llega a dos disparos por minuto, con soldados muy bien instruidos. Su alcance eficaz, también es muy reducido, no pasa de 200 metros y para las luchas cuerpo a cuerpo, cuenta con una bayoneta triangular. Solo la mitad de las fuerzas patriotas disponía de estos fusiles de chispa. El resto, llevaba trabucos, sables, boleadoras y lanzas medialuna o improvisadas con cañas tacuaras, en uno de cuyos extremos se fijaban tijeras de esquilar.
En cuanto a los cañones, son de hierro o bronce, sus alcances correspondientes son de 1.200 a 1.500 metros. El tiro de metralla se realiza hasta 500 mts.
Dicha diversidad e improvisación en el armamento trae consigo un tipo de organización que da origen a su vez, a procedimientos especiales de combate. La compañía de infantería cuenta con unos 150 hombres y el escuadrón de caballería comprende unos 100 hombres. A menudo, sin embargo, las pequeñas unidades dé infantería y caballería tienen un efectivo que responde, más que a necesidades de la organización del arma, al efectivo de que se dispone en cada circunstancia y al arrastre del caudillo que los ha movilizado.
La guerrilla y el cuadro, constituyen los dispositivos corrientes de combate para la infantería. La caballería actúa en línea o por escalones. Sus cargas, se extienden a menudo en semicírculo, amenazando los flancos y la misma retaguardia del dispositivo enemigo.

La capacitación
En lo que se refiere a la instrucción militar, en general era deficiente. Se trata de unidades improvisadas, reclutadas y organizadas en el momento de estallar la guerra y algunas veces hasta en el transcurso mismo de las operaciones.
Esto genera una importante deficiencia en lo que respecta a la preparación de tiro. Las acciones se caracterizan, pues, en las guerras de la independencia, por el predominio del arma blanca.
La caballería, es entonces, la fuerza fundamental, su efectivo, constituye por lo general, las tres quintas, partes de las fuerzas movilizadas; las pequeñas unidades de infantería a caballo se utilizaban en principio, para encuadrar y proteger las piezas de artillería que materializaban el frente de acción. La caballería empieza y termina los combates y durante el desarrolló mismo de la lucha, impone condiciones a las demás armas, sus cargas constituyen el procedimiento táctico realmente decisivo en todos los casos.
Las circunstancias en que se opera el reclutamiento, movilización y aún las concentraciones parciales de las fuerzas patriotas, favorece el predominio de esta arma.
Los caballos abundan entonces en nuestra campaña; cada caudillo reúne una partida al iniciarse la movilización y es ella misma, durante las marchas y estacionamientos la que da lugar la concentración, un centro de reclutamiento y de requisa. Cada combatiente se moviliza con sus caballos, armas y recado, y la guerra constituye para ellos un constante concurso de destreza y de valor. La caballería, arma del arrojo, les ofrecía a cada instante, la oportunidad de poner en evidencia su alta virilidad y su desprecio al peligro.

La maniobra
En la segunda invasión portuguesa, los procedimientos tácticos sufren una evolución, porque si bien el movimiento sigue siendo considerado el medio de acción decisivo o irresistible, el fuego adquiere, con los progresos alcanzados en el armamento de la época de que disponían los portugueses y con el auxilio de una excelente instrucción, confirmada con la experiencia de las guerras napoleónicas, una elevada importancia, como colaborador del movimiento.
La caballería sigue siendo la que debe dar el golpe de gracia, pero es la infantería la que debe ir preparándolo, mediante el ablandamiento del adversario, con su fuego y hasta con su propio movimiento.
Recién en los últimos combates, cuando la suerte de la guerra estaba echada en su contra, le fue posible al caudillo oriental, sustituir el dispositivo lineal de las montoneras, por el dispositivo en profundidad.
Las cargas de caballería, fueron rotas a menudo por el fuego preciso del enemigo
Características generales del enemigo
El adversario disponía de fuerzas regulares, perfectamente organizadas y equipadas, provistas totalmente de armamentos modernos para la época, dotadas de una sólida instrucción y con experiencia guerrera. Las fuerzas españolas contaban en Las Piedras, con unidades de infantería y artillería (bien armadas y con abundantes municiones) integradas por veteranos provenientes de la marina de guerra y de la guarnición permanente de Montevideo.
En cuanto a las tropas luso-brasileras de la segunda invasión, recibieron un efectivo adiestramiento, primero bajo la dirección de oficiales ingleses, después, de los mismos portugueses y de jefes brasileños que se habían perfeccionado en Europa, interviniendo algunos en las luchas contra Napoleón, donde tuvo una actuación destacadísima la famosa División portuguesa, llamada Voluntarios del Rey, orgullo del Mariscal Beresford, reorganizador del Ejército y en particular, de las fuerzas que invadirían nuestro país. Dicha División mixta se hallaba integrada en la segunda invasión por dos brigadas, comprendiendo cada una, dos batallones de infantería, un escuadrón de caballería formando cuerpo y una batería de artillería.
El conjunto de fuerzas luso-brasileras dispuso además, de servicios generales de gran jerarquía para la época. Cabe destacar entre ellos, los de Sanidad e Inteligencia, el primero con treinta médicos y el segunda con una red de espionaje en todo el teatro de operaciones y hasta en las mismas filas del ejército revolucionario.

En síntesis, a la superioridad moral y a la mejor adaptación al medio que exhibían las fuerzas revolucionarias, se opone la superioridad técnica y la mejor preparación y experiencia de combate de las tropas enemigas.

Ejemplos de la táctica y la estrategia artiguistas

Analizaremos ahora dos hechos que nos permitirán profundizar en los aspectos tácticos y estratégicos de la conducción de la guerra por parte de Artigas: la batalla de Las Piedras, donde analizaremos la conducción de un encuentro con el enemigo para desarrollar las características de la táctica empleada y luego la lucha contra la segunda invasión portuguesa donde se evidenciaran concepciones estratégicas de la conducción artiguista.

BATALLA DE “LAS PIEDRAS”

Como pasos previos a la batalla Artigas dispone una recorrida por parte de sus tropas en toda una zona circundante, Flores, San José, Canelones , Pando, Minas, San Carlos y Maldonado, de manera de conquistar el apoyo de los pobladores hacia la revolución y de obtener recursos para la campaña.
En cuanto a las fuerzas españolas, al mando del Capitán de Fragata don José Posada, se hallan concentradas en la localidad de Las Piedras, con elementos adelantados hacia los arroyos Canelón Chico y Colorado.
Esta situación general de ambos beligerantes se mantiene durante varios días debido a las continuas lluvias que paralizan las operaciones y será precisamente en esas fases previas a la batalla donde pesara enormemente la ventaja de las fuerzas revolucionarias, que cuentan con el apoyo de la población y están ampliamente adaptadas al terreno, mientras que las fuerzas españolas sufren un fortísimo desgaste ya que permanecen aisladas y comienzan a manifestarse numerosos casos de deserciones y pasaje de tropas al bando rebelde.
E1 16 de mayo comienzan movimientos de tropas españolas buscando impedir que terminaran de reunirse las fuerzas revolucionarias, pero la maniobra es desbaratada por Artigas.
De esta manera el 18 las fuerzas revolucionarias que intervienen en la Batalla de Las Piedras, comprenden en total 1.020 hombres, qué se reparten así:
-Como Infantería, un Batallón de Patricios a órdenes del Tte. Cnel. Benito Alvarez, formado con dos compañías, en total 250 hombres, procedentes del Ejército enviado por la Junta de Buenos Aires, al mando de Rondeau. Además dos compañías de milicias independientes, de 54 hombres cada una. Atendiendo asimismo Artigas a la necesidad de reforzar la Infantería con elementos mejor armados y ya instruidos, resuelve agregar a la misma, 96 Blandengues, lo que hace un total de 454 Infantes.
-Como Caballería, dispone de un Regimiento al mando de su hermano Manuel Francisco, que comprende 250 hombres.
Además, cuenta con dos escuadrones de gauchos de 148 hombres cada uno. En total 546 hombres de Caballería.
-Como Artillería, dos cañones de 2 pulgadas servidos por unos 20 hombres, al mando del teniente porteño Juan Antonio Walcante.
En resumen una muestra de la combinación de las milicias populares, con las características ya mencionadas, y fuerzas regulares provenientes de Buenos Aires. En esta primera fase de la guerra la alianza era con los porteños para expulsar al enemigo común, el imperio español.
En cuanto a las fuerzas Españolas suman unos 1.230 hombres, entre los cuales figuran 600 Infantes, 350 de Caballería y 64 Artilleros, disponiendo de 2 cañones de 4 pulgadas y de dos obuseras de 32 mm.
El dispositivo de marcha y de combate
Habiendo cesado las lluvias, ambos adversarios inician el 18 de mayo, desde las primeras, horas, sus preparativos para la batalla, adelantando sus primeros elementos de seguridad integrados por tropas. de caballería, sobre el eje general camino Las Piedras, Pando y adoptando luego, un dispositivo general de marcha que divide sus fuerzas en dos núcleos; uno principal, constituido por el grueso, encargado de realizar la maniobra y otro secundario, o de seguridad integrado por las mencionadas tropas de caballería, que debe tomar inicialmente contacto con él enemigo a fin de precisar el dispositivo y naturaleza de sus fuerzas y crear; a la vez una base de seguridad que permita montar la maniobra de las fuerzas principales.
E1 contacto entre dichas caballerías de seguridad, es el que se produce primero
Entretanto, los gruesos de ambas fuerzas, se desplazan en columnas escalonadas, mediando entre ambos en el momento de toma de contacto de las caballerías, unos diez kilómetros de distancia.
Había espacio entonces para que ambas fuerzas se desplegaran adecuadamente antes de entrar en contacto, siendo Artigas quien tomara rápidamente ventaja de la situación.
La maniobra más importante de la batalla la decide Artigas, inmediatamente establecida la superioridad de su caballería en el primer contacto con el enemigo. Envía la columna más fuerte de sus fuerzas (el Regimiento de 250 hombres, al mando de su hermano Manuel Francisco), para que siguiendo el itinerario general: puntas del Canelón Chico, Gigante, Colorado, a cubierto por consiguiente, no sólo de los fuegos si no también, de las vistas del enemigo, es decir, en condiciones de explotar al máximo el factor sorpresa, amenace de envolvimiento a las fuerzas españolas para rebatirse luego sobre el este de Las Piedras y completar así, el cerco de las fuerzas principales del enemigo, en su eventual retirada hacia dicha localidad.

Desarrollo de la acción principal:

Por el contrario el comandante rival al tener que reaccionar ante la derrota de su primera fuerza de caballería comete un error crucial. Posada adelanta la mayor parte de sus fuerzas a fin de sostenerla. Continúa, pues, accionando por el movimiento, en lugar de asegurar su despliegue sobre una posición favorable, para poder, desde allí, recoger con sus fuegos a sus elementos de seguridad que se retiran bajó la presión del enemigo.
Precipitada así la acción, el grueso de las fuerzas españolas se fusiona con su caballería, sobre las alturas que dan origen al arroyo Cáigante.
Poco permanece Posada sobre esta posición, que no reunía las condiciones indispensables para ofrecer a su infantería, un buen campo de tiro. Era una posición en contrapendiente y la llegada del enemigo se hacía casi por sorpresa. Además, había constatado ya la presencia inmediata de las fuerzas principales de Artigas.
Advierte también, la maniobra envolvente que insinúa sobre su flanco la caballería de Manuel Francisco.
Bajo la acción de todos estos factores, se resuelve a iniciar el repliegue sobre las alturas que dan origen al arroyo Colorado, donde establece sus tropas en una especie de semireducto.
En ese momento ante el retroceso del enemigo, que además ya había sido flanqueado, la orden de Artigas es el ataque a fondo. El combate se generaliza rápidamente y a pesar de las medidas tomadas por Posada, la lucha ya está decidida. A las grandes pérdidas que le generan los revolucionarios a las fuerzas españolas, se suman las continuas deserciones en sus tropas de caballería. Ya en los primeros encuentros de esta arma, en las inmediaciones del camino Paso Cuello, grupos aislados se pasaron a las fuerzas revolucionarias, más tarde, en plena batalla, es el mismo Rosales, Jefe de la caballería realista que con un núcleo importante cambia de bando.
Hechos estos que obligaron a Posada a desmontar el resto de su caballería, haciéndola, intervenir, desde entonces, como infantería, hasta el momento que ordena la retirada general hacia Las Piedras, que vuelven a maniobrar montados a fin de proteger los flancos de las tropas que se repliegan bajo la presión del enemigo.
Esta maniobra en retirada realizada por la infantería española, mediante una serie de escalones sucesivos, que se van instalando a favor de las mismas ondulaciones del terreno, permite a Posada llevar la mayor parte de sus fuerzas sobre la altura inmediatamente al Este del Pueblo, una última resistencia, mediante un dispositivo en cuadro a fin de hacer frente al enemigo en todas direcciones.
Pero, falta tiempo para consolidar esta posición organizada con tropas ya resentidas, moral y físicamente, por los combates anteriores. Rodeados por la caballería se ven obligados a capitular.

CONCLUSIONES
Al final la victoria ha sido conseguida a partir del máximo aprovechamiento de las fortalezas propias y de las debilidades del enemigo.
La superioridad moral, que permite no solo contar con el ánimo de su propia tropa, sino con la debilidad el enemigo que, ante la firmeza del ataque, se quiebra y donde los elementos vacilantes terminan uniéndose a la fuerza revolucionaria. Situación esta que obliga al enemigo a renunciar a la fuerza fundamental para el combate que se había planteado, su caballería.
También el conocimiento y la adaptación al medio, que le permite elegir el lugar más conveniente para la acción, de acuerdo a las características de sus fuerzas y tener amplia ventaja al ejecutar las maniobras que terminan decidiendo la batalla.
Artigas dirige la batalla manteniendo la iniciativa en todo momento, distinguiendo claramente cuáles eran los puntos principales y los secundarios, presionando constantemente al enemigo, desgastándolo, aprovechando sus errores (cuando por ejemplo, Posadas, al ver derrotada sus fuerza de avanzada, compromete el grueso de sus tropas en un combate en condiciones totalmente desventajosas, no comprendiendo el carácter secundario de esa primera acción de la batalla) y lanzando la ofensiva arrolladora en el momento en que se nota que el enemigo vacila y retrocede, sin darle espacio a recomponerse.
Todo ello, dentro de un plan que no sólo responde a las circunstancias iniciales, sino que ha sido concebido, suficientemente elástico, como para adaptarse a las circunstancias sucesivas que puedan surgir durante el desarrollo de su aplicación.
Artigas prepara, pues, la batalla como si no pudiera ser conducida y la conduce como si no hubiera sido preparada, dando culminación a la misma con su maniobra envolvente que sabe es la más eficaz y productiva.
Es en efecto, en esta acción sobre el flanco norte español, que hay que buscar los principales fundamentos tácticos del éxito alcanzado por Artigas en Las Piedras.

LA SEGUNDA INVASION PORTUGUESA

En este punto desarrollaremos las concepciones estratégicas desarrolladas por Artigas.
Nuevamente insistiremos que es inseparable este análisis de las concepciones ideológicas y políticas de Artigas.
En ese sentido nuevamente se puede observar claramente que la manera de enfrentar la situación revela las características fundamentales de la revolución artiguista. Se trata de una guerra popular y prolongada, y de una guerra federal.
En este caso es fácil ver cómo, mientras los portugueses, previo acuerdo con Buenos Aires se plantean en principio solamente la conquista de la Banda Oriental, Artigas concibe y ejecuta una estrategia que parte de la idea de que el ataque va dirigido contra las Provincias Unidas en conjunto y por lo tanto su estrategia contempla la resistencia a la invasión portuguesa en el marco de la lucha contra el centralismo Porteño.
Artigas muestra aquí nuevamente una amplia variedad de recursos, combinado diferentes métodos de lucha, como las patentes de corso, que logran atraer más de cien barcos a su causa, que ponen en jaque las comunicaciones y el abastecimiento por mar de los portugueses.

El Plan de los invasores

Por parte del enemigo, el plan de esta segunda invasión, fue elaborado bajo la dirección del mismo monarca Juan VI, asistido por el comando superior inglés qué había destacado para ello, al General Beresford, ya conocido en el Plata, por su activa participación en las invasiones de diez años atrás.
En esta oportunidad, se estableció que las tropas de invasión luso-brasileras, unos 12.000 hombres, contarían con el concurso de la división portuguesa de unos 5.000 hombres, que habían intervenido en la campaña contra Napoleón, bajo las órdenes del General Wellington, la que desembarca en Río Janeiro el 30 de marzo de 1816.
Dicho plan fue analizado minuciosamente más tarde y completado en el Brasil, por un Consejo de Generales reunido en Porto Alegre bajo la presidencia de José Peliciano Fernández Pinheiro, Vizconde de San Leopoldo, Gobernador de Río Grande.
La invasión se desarrolla enseguida en tres columnas escalonadas en el espacio, a fin de abordar simultáneamente, todo el teatro de operaciones, de sur a norte.
La columna sur, la más importante y fuerte de unos 10.000 hombres, bajo el mando del General Carlos Federico Lecor, se halla constituida sobre la base de la División Voluntarios del Rey que, partiendo por vía marítima el 12 de junio, desde Río Janeiro, desembarca en Santa Catalina donde recibe importantes refuerzos en artillería y caballería.
Luego continúa por tierra, rumbo al sur, atravesando Río Grande, por Santa Victoria del Palmar, para penetrar por Chuy-Santa Teresa y progresar por la Angostura, apoyada por una poderosa escuadra al mando del Conde de Viana, a fin de ocupar, sucesivamente, Rocha, Maldonado, Montevideo y Colonia, lanzando desde esta última, destacamentos sobre Mercedes y Santo Domingo Soriano, con el propósito de organizar puertos de recalada para las embarcaciones que navegaran el Uruguay y el Negro.
La columna Este, con unos 2.000 hombres, al mando del General Bernardo Da Silveira, penetra por Cerro Largo, debiendo progresar por el norte del Río Negro, con la misión de llegar hasta Paysandú y ocupar dicha localidad en condiciones de servir de base a ofensivas posteriores.
La columna norte con un total de 2.000 hombres al mando del General Juan de Oliveira, procede de Santa Catalina y comprende también tropas de San Pablo y Curitiba, debiendo penetrar por la Cuchilla de Haedo en dirección de la localidad del Salto con la misión de destruir todas las fuerzas enemigas que accionen sobre ambas márgenes de los rios Arapey y Cuareim. Una vez ocupado Salto se pondrá a órdenes del General Da Silveira.
En cuanto a la defensa de Río Grande, fue confiada al Teniente General Joaquín Curado, de reconocida experiencia guerrera, por haber participado en 1774 en la campaña contra los españoles en el sur y también en la guerra contra Napoleón donde cayó prisionero.

El Plan de Artigas

La manera en que Artigas planifica la campaña constituye en realidad, una contra-invasión. No subordina sus propósitos por consiguiente, a los del enemigo; no se propone accionar por contragolpe, sometiendo su voluntad a la del adversario, sino que por el contrario, tiene un propósito perfectamente definido que se dispone llevar a la práctica a pesar del enemigo, pero, teniendo en cuenta naturalmente, sus probables intenciones, para saber hasta dónde favorecen o entorpecen las propias y hacer sufrir en consecuencia, a dicho plan inicial, las adaptaciones que oportunamente exija su aplicación.
El plan de contra-invasión de Artigas ha sido concebido tomando como base de operaciones, las provincias argentinas del litoral: Entre Ríos y Corrientes y lleva en su realización, como primer objetivo, la conquista de las Misiones, para rebatirse después, con todas sus fuerzas disponibles, sobre la línea principal de operaciones del enemigo: Cacequí, Santa María, Cruz Alta, a fin de cortar las líneas de aprovisionamiento y la maniobra de las fuerzas portuguesas.
El general Mitre llega todavía más allá, al atribuir a Artigas, el propósito de atacar por retaguardia las fuerzas de Lecor, lo que supone una acción al norte de la Laguna de los Patos, por Río Pardo y Porto Alegre. Al efecto, Artigas divide el conjunto de sus fuerzas, en dos grandes agrupaciones: la del Norte, encargadas especialmente de poner en práctica su plan ofensivo, llevando la guerra al país enemigo y la del Sur, llamada a operar, en principio, en nuestro territorio, obstaculizando la progresión de las columnas de invasión lusitanas.
En el primer agrupamiento, figura Andrés Guaeurari, más conocido por Andresito, indígena, hijo adoptivo de Artigas, Gobernador entonces de Corrientes, quien con unos mil hombres, deberá operar al norte del Ibicuy, invadiendo las Misiones, por San Borja, al mismo tiempo que Verdún, Gobernador de Entre Ríos, al frente de 800 indios misioneros, operaría entre Ibicuy y Cuareim; soldando ambos movimientos ofensivos con la intervención de Sotelo, quien comandando 400 hombres, debe cruzar al efecto el Río Uruguay en las inmediaciones del Ibicuy. Entretanto, Artigas con unos 1.000 hombres ocuparía la linea del Cuareim, pronto a apoyar dichos movimientos.
Conquistadas todas las Misiones, estas fuerzas y las agregadas por la misma ocupación, operarían por acción envolvente sobre la principal línea de comunicaciones del enemigo.
En cuanto a la agrupación Sur de las fuerzas revolucionarias, comprende como núcleos más importantes a Rivera con unos 1.500 hombres, que debe oponerse a Lecor y Otorgués, que, con un millar de soldados, debe batirse con Silveira.
Además, Artigas organiza una pequeña flota en el alto Uruguay, a fin de facilitar las operaciones de enlace y aprovisionamiento de las distintas fuerzas patriotas que actuarían en las proximidades y constituyó, asimismo, con el concurso de corsarios, una fuerza naval de hostigamiento, especialmente en el Plata y Atlántico.

Los resultados

Las operaciones terrestres se desarrollan, en general en ambos ambientes o agrupamientos en el norte como, en el sur, con resultados adversos para Artigas.
Andresito logra sitiar en San Borja (capital de las Misiones) durante trece días al Brigadier Francisco Chagas, que desde 1808 ejerce el comando de dicha región,
pero, la, llegada de nuevas fuerzas, lo colocan entre dos fuegos, siendo derrotado y obligado a retirarse a Corrientes, conjuntamente con Sotelo.
En cuanto a Verdún, consigue al principio, realizar serios progresos con pleno dominio al norte del Cuareim, pero, luego de la derrota de Andresito y Sotelo, todas las fuerzas portuguesas del Ibicuy se concentran contra él, siendo atacado y vencido en Ibiracoy.
Artigas, es derrotado, a su vez, en Carumbé, por el General Juan de Oliveira, con tropas seleccionadas, en particular veteranos riograndenses y de la legión de San Pablo que le imprimían una marcada superioridad, no sólo en infantería y artillería, sino también en caballería muy hecha a la guerra de guerrillas.
Con estas victorias portuguesas, el teatro de operaciones, al norte del río Negro queda bajo el control de las mismas y completamente libre para intensificar sus operaciones de ocupación.
En lo que tiene que ver con el Sur, si bien los portugueses avanzan con dificultad, dichas dificultades no son tan grandes como para comprometer el desarrollo general de las operaciones en dicha zona.
La columna de Silveira es obstaculizada, inicialmente por Otorgués, quien lo obliga a encerrarse en Minas, donde Lavalleja le pone sitio.
Las tropas al mando de Rivera hostigan a Lecor, obligandole a reducir seriamente el ritmo de su marcha y a establecer como objetivo final, Montevideo, renunciando a avanzar hacia el oeste.
Artigas vuelve a reconstituir sus fuerzas y reanuda la lucha entrando así la campaña en su segunda fase, que también deja un saldo favorable para los portugueses.
Artigas es derrotado por Abreu en los potreros de Arapey y Latorre en Catalán Grande, por las fuerzas unidas del mismo Abreu y el Marqués de Alegrete, mientras que Andresito sufre igual suerte en Aguapié atacado por el Brigadier Chagas.
Artigas vuelve a Corrientes en busca de refuerzos y aprovecha esta circunstancia para organizar una acción contra las tropas de Buenos Aires, confiando en el mando de Ramírez y López en Corrientes y Santa Fe, los que baten a Rondeau en Cepeda y obligan a Sarratea, en consecuencia, a entrar en tratativas de paz.
Organizada dicha acción contra Buenos Aires, Artigas en diciembre de 1819, vuelve al Uruguay e inicia su segunda campaña contra los portugueses, penetrando en Río Grande para derrotar a Abreu en Santa María, pero a su vez, Latorre es vencido en Tacuarembó y obligado a replegarse sobre Corrientes, donde, Artigas, ante la traición que significaban las negociaciones de paz entre Ramírez y Buenos Aires, lo ataca y derrota en Las Guachas.
Ramírez se rehace y consigue vencerlo en Bajada del Paraná, Yuquery, Las Tunas y Avalos, por lo que se ve obligado a pasar al Paraguay el 23 de setiembre de 1820.

CONCLUSIONES

A partir del hecho de que los portugueses no se proponían pasar al ataque de Entre Ríos antes de haber destruido las fuerzas principales en el Uruguay, la base de operaciones elegida por Artigas, Entre Rios y Corrientes, no podía ser mejor, desde que, además de permitir en cualquiera de las hipótesis operativas, la amenaza de puntos vitales para el invasor y de reunir condiciones de seguridad, de vida y de eventual acción, contribuía a crear una inquietud general en las provincias, sobre el verdadero objetivo final de Lecor, ya que si bien el gobierno centralista de Buenos Aires, se hallaba seriamente comprometido en un doble juego entre sus Provincias y Portugal a quien le permitieron por odio a Artigas, ocupar hasta Entre Ríos, la reacción total de dichas provincias, respondiendo a la política federal de Artígas, se hacia cada vez más posible, frente a dicha amenaza del invasor, poniendo en grave peligro, los acuerdos secretos firmados con Portugal, por los monárquicos porteños a fin de destruir a Artigas y a su obra.
Se puede observar aquí el propósito de Artigas, de maniobrar contra la coalición Porteño-Portuguesa, desde una posición central, tanto en el plano político, como militar, a fin de vencer sucesivamente a los centralistas de Buenos Aires y a las fuerzas portuguesas.
Al mismo tiempo en la concepción del combate contra las fuerzas portuguesas, a pesar de las enormes desventajas materiales y de formación de la tropa que sufrían las fuerzas revolucionarias, no se cae en adoptar una posición meramente defensiva, sino que por el contrario se adopta la decisión de llevar la guerra a territorio del propio invasor mediante una maniobra envolvente que permitiría aislar y destruir los ejércitos invasores.
Por otro lado la magnitud del terreno de operaciones, las enormes dificultades para las comunicaciones con que se contarían en la campaña, exigen una amplia autonomía para los jefes de cada fuerza encargados de la lucha en cada zona.
Al mismo tiempo la concepción federal artiguista otorgaba amplias facultades al gobierno de cada provincia y por lo tanto la autonomía de sus fuerzas militares era amplia.
Esta característica hace que el resultado de la estrategia general dependa en grado sumo del comportamiento de los lugartenientes de Artigas.
Fue así, desde esa posición central, como Artigas derrotado en el este y en el norte, por los portugueses, triunfa por medio de sus tenientes provinciales de Entre Rios y Santa Fé, sobre los centralistas monárquicos en la batalla de Cepeda, que les abría las puertas de Buenos Aires.
Sin embargo, y como una prueba mas de la gran verdad de que la guerra es política continuada por otros medios, es en este momento cuando la estrategia Artiguista es derrotada. Precisamente en el momento en que las fuerzas porteñas son derrotadas y se abría la posibilidad de volcar mas fuerzas y recursos contra los ejércitos portugueses, el Tratado del Pilar que firma Ramirez con Sarratea sella la traición a la causa de la revolución federalista y deja a las fuerzas Artiguistas, debilitadas y encerradas entre dos fuegos, lo que las lleva inexorablemente a la derrota.

CONCLUSIONES FINALES:

En conclusión podemos afirmar que tanto en el plano táctico como en el estratégico la defensa de la revolución por parte de la conducción de Artigas, se baso en una concepción que supeditaba la guerra los objetivos políticos de la misma. De esta manera las acciones militares se enlazaron con las acciones políticas de otro tipo que fueron tomadas por el gobierno revolucionario.
En el plano puramente militar, las características fundamentales fueron las de la utilización al máximo de las fortalezas propias, especialmente la superioridad moral lo que imprimió siempre a sus acciones el carácter netamente ofensivo de toda lucha verdaderamente revolucionaria, asociada a la característica fundamental de un ejercito revolucionario, que es la de ser un ejercito popular y contar por ello mismo con el mas amplio apoyo de la población y una adaptación al medio muy superior al enemigo.
De esta manera le fue posible mantener la lucha frente a enemigos muy superiores en los aspectos material y de formación.
Fue así que el carácter dado por Artigas a la guerra fue el de nunca renunciar a la ofensiva, aun ante la superioridad del enemigo, confiando siempre en la victoria.
El valor de la personalidad en la historia, en este caso, esta dada por la enorme fuerza moral necesaria para asumir la dirección de un proceso de esta magnitud. Artigas demostró a lo largo de su trayectoria ser el líder indicado para dirigir este proceso, donde la firmeza de las convicciones y la enorme voluntad para superar las derrotas parciales y las adversidades, era condición indispensable para mantener viva la revolución.
Por otro lado la propia derrota de la estrategia artiguista la confirma, es decir que solamente una guerra federal, o sea, dada en conjunto por todas las Provincias Unidas podía enfrentar con éxito tanto el centralismo porteño como a la invasión del imperio portugués. Es precisamente cuando la alianza entre las provincias se rompe, cuando Artigas es traicionado, el momento en que la derrota militar de la revolución federalista queda sellada.
Estas enseñanzas sobrepasan la lucha dada por Artigas ya que son verdades totalmente vigentes para nuestra realidad actual.
Solamente mediante una guerra popular, prolongada, dada a partir de una concepción regional, podrá tener posibilidades de llevar a la victoria la revolución aun pendiente en el Río de la Plata.

“Ya se cansara la suerte de sernos ingrata” José Artigas

barrapunto  Tuenti  twitter  facebook  Meneame  google