Artigas: Reforma Agraria y Lucha por la Soberanía para Nuestros Pueblos… Tareas Inconclusas

ARTIGUISMO - CHARLA DEBATE III-
10 DE SETIEMBRE 2010



El proceso revolucionario latinoamericano contra el imperio español terminó la etapa del colonialismo y abrió un periodo donde se planteo la disputa entre dos modelos opuestos.
Por un lado el proyecto de los grandes terratenientes criollos y los sectores vinculados al comercio de exportación e importación de las ciudades puerto, Montevideo y sobre todo Buenos Aires, que impulsaban un proyecto de integración a la estructura imperialista mundial que veía consolidarse a Inglaterra como potencia hegemónica, que con su desarrollo industrial se mostraba ávida de mercados para su exportación y fuentes de materias primas. Estos sectores, que impulsaron la revolución buscando romper las ataduras que les imponía la agonizante España, y poder avanzar, al mismo tiempo que consolidaban sus privilegios, hacia un desarrollo económico dependiente de las metrópolis, apostando al libre comercio que impulsaba Inglaterra, y al mantenimiento de la estructura de propiedad existente, basada en el latifundio, heredada de la época colonial, son los que impulsaron las tendencias políticas del centralismo.

A este proyecto se le oponía otro proyecto de desarrollo propio para esta región, apostando a un desarrollo hacia adentro y no un desarrollo supeditado al imperialismo.
Es un proyecto que se basaba en el desarrollo a partir del uso más eficiente de los recursos y en la transformación de la estructura social existente. Era un desarrollo que apostaba a sustituir al latifundio, que tendía a hacer que la propiedad de la tierra y de sus riquezas, en particular el ganado, pasara a manos de sectores sociales marginados por el gran terrateniente extranjero y también por el criollo.
Es el proyecto de la Reforma Agraria, es el proyecto de la reforma del comercio que privilegiaba el comercio entre las provincias, que eliminaba los puertos privilegiados, que imponía límites al tráfico con las metrópolis estimulando el desarrollo de una industria local. Es el proyecto del federalismo, del desarrollo conjunto de todas las provincias aplicando en todo momento el principio de que los más infelices fueran los más privilegiados.
Es el proyecto defendido por Artigas y su pueblo en armas.

En este marco debe entenderse la política económica que impulsaba Artigas y en el marco de ella la política respecto a la propiedad y utilización de la tierra que defendió.
El documento político fundamental es el Reglamente de Tierras y de Fomento de la Campaña emanado de Purificación en 1815 y presentado ante el Congreso de los Pueblos libres ese año.
Acá hay que señalar que la presentación de ese proyecto de reforma agraria para la Banda Oriental, en un congreso con las demás Provincias debe ser entendido como la presentación concreta, para la provincia mas atrasada y que mas había sufrido en el curso de la guerra, de un proyecto de ordenamiento e impulso de la producción que se basaba en principios de justicia social y en la búsqueda de un desarrollo económico soberano. Lo que planteaba que allí se mostraba, no un modelo para ser imitado mecánicamente por otras provincias con realidades diferentes, sino un modelo que ilustraba en forma concreta los principios en que se debía impulsar el desarrollo de la región: búsqueda de la independencia económica respecto a los poderes extranjeros, justicia social mediante el reparto de la tierra y sus posibilidades de producción entre los pobladores de la misma, eliminación del latifundio, ordenamiento de la producción, establecimiento de reglamentaciones equitativas para todos. Lo que indica que se trata de un proyecto que responde a los intereses de los sectores populares mayoritarios (que serán los que lo defenderán con su vida en los ejércitos artiguistas) frente a los intereses de los grandes terratenientes.
Es necesario tener en cuenta que la tierra era el medio de producción fundamental en esa época. La propiedad de la tierra equivale, en esas economías, a la propiedad de la riqueza. Por eso la clave del desarrollo económico pasa por el destino que se le dará a la misma y es en ese punto donde los proyectos económicos se diferencian.
El proyecto Artiguista de reforma agraria tiene antecedentes, siendo uno de los mas importantes el de las tierras de Arerunguá. En 1805 Artigas había solicitado y conseguido, que se le cediera una enorme extensión de tierras, donde bajo su protección se instalan las tolderías de la nación charrúa. Fue esta la primera acción de reparto de tierras realizada por Artigas, donde se hacia la justicia de que la misma iba a manos de sus ocupantes originarios, quienes serían sus mas fieles aliados hasta el fin.
El proyecto de 1815 es mucho mas ambicioso, mas que un reparto de tierras es el comienzo de una verdadera reforma agraria, en el marco de un proyecto económico de desarrollo soberano para toda la región.

Pero para entender los alcances de la reforma agraria que planteaba Artigas hay que conocer primero la situación real en que se encontraba la Banda Oriental en ese momento y como se había desarrollado la producción desde la época anterior, durante la colonia.

LA VAQUERIA: Fue la primer forma de extracción de cuero, y sebo, se caracterizaba por ser caótico y un régimen de explotación irracional. La vaquería implicaba la existencia de ganado cimarrón o sin dueño, y es independiente de la propiedad de la tierra.
A fines del siglo XVII aumenta notablemente el interés por los cueros vacunos a los efectos de su exportación, convirtiéndose “la vaquería” en una forma de increíble matanza, con daño tremendo para el stock vacuno.
La estancia latifundista, que es el modo de producción que surge inmediatamente después, fue más que nada un mecanismo mediante el que se instituyo la propiedad de los grandes terratenientes beneficiados por la corona ya que poco avance introducía respecto a la vaquería indiscriminada.
La estancia latifundista, con predominio del ganado alzado y con una extensión desmesurada para la cantidad efectiva de ganado manso que poseía, requería escasa mano de obra y arrojaba al hombre de campo a la vida itinerante. En algunos casos el latifundio era subdividido y la tierra era entregada en arrendamiento o aparcería. En este caso el latifundio no constituye una unidad productiva. La propia existencia del latifundio fue un obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas. Los latifundistas se resistían al marcaje del ganado. La indefinición de la propiedad del ganado facilitaba la vaqueada indiscriminada, especialmente en tierras realengas, y el contrabando. La indefinición de la propiedad de la tierra y el ganado, no sólo por la falta de cercos sino también por los títulos imperfectos, controvertidos o inexistentes y la lucha por la propiedad, quitaba estímulo al poblamiento y la cría de ganado.
Un modelo mas avanzado era la estancia de rodeo donde primaba el ganado amansado, pero incluso la estancia de rodeo no requería mucho personal. La población rural que en su mayor parte no tenía acceso legal a la tierra, se conchababa como peón, ocupaba una pequeña parcela que no bastaba para la subsistencia y vivía parcialmente errante
Esta contradicción entre la capacidad productiva y los factores que retrasaban el desarrollo de la producción, fue enfrentada mediante diferentes propuestas de reformas para el “arreglo de los campos”. Unas propuestas se orientan hacia la colonización y reparto de tierras como solución. Otra corriente expresaba a los hacendados latifundistas, generalmente comerciantes montevideanos, y planteaba limitar las medidas a poner orden mediante expediciones punitivas de “limpieza” y policía de los campos, destinando al pobrerío sin tierras a la defensa de la frontera.
Las autoridades sólo toman algunas medidas para fomento de la ganadería, poner orden en la campaña y resolver el problema de la penetración portuguesa. En 1791 el Virrey Arredondo, ante la disminución del stock por la explotación excesiva, establece por bando la prohibición de matanza de vacas, la exigencia de la marca de todos los animales menores de 2 años, y la obligación de llevar con los cargamentos de cueros que circularan por el territorio, guías donde se estableciera su origen y destino. Transcurrido un año los cueros que se encontraran sin marca serían considerados de propiedad fiscal. Estas medidas que favorecían a los criadores de ganado, sufrieron repetidas suspensiones debido a la presión de los latifundistas que continuaban extrayendo cueros orejanos en sus vaquerías.
En 1797 se crea el Cuerpo de Blandengues de la frontera de Montevideo, para proteger con medidas de policía la propiedad de la tierra y el ganado. Por su parte los hacendados comienzan a organizarse en 1791, y en 1802 queda constituido el Cuerpo de Hacendados, dominado por los grandes propietarios y hacendados, que propicia medidas de policía de la campaña y de la frontera. A partir de la década del 90 se fundan algunas ciudades en la frontera y se reparten tierras y a comienzos del siglo XIX se realizan operaciones de represión a indios, gauchos y ocupantes de tierras, que dejan campo abierto al latifundio.
Hacia el fin de la Colonia el predominio de la estancia de rodeo aún no se había consolidado. Cuando en 1811 estalla la Revolución, los problemas que plantea la explotación ganadera se mantienen intactos.

El COMERCIO EN TIEMPOS DEL VIRREINATO
El Reglamento de Libre Comercio de 1778 habilitó los puertos de Buenos Aires y Montevideo para el comercio directo con la metrópoli en forma de monopolio.
En tiempos de guerra el comercio se paralizaba. Para paliar esta situación se recurría al contrabando, especialmente con los portugueses e ingleses. En 1795 se permitió el comercio directo con colonias españolas y extranjeras.
Los comerciantes porteños y montevideanos se dividieron fundamentalmente en dos grupos: los monopolistas ligados a las casas comerciales de España, que se oponían a las medidas de liberalización y reclamaban la vuelta al comercio libre español y los librecambistas, vinculados al comercio con Inglaterra y Portugal, principalmente.
Con la Revolución el gobierno de Buenos Aires se vuelca hacia el librecambismo, respondiendo a su vinculación con Inglaterra
La primera junta dispuso una rebaja de aranceles y la habilitación de nuevos puertos para favorecer la exportación directa de cueros. El Primer Triunvirato inició el librecambio sin restricciones. Autorizó a los comerciantes extranjeros a operar libremente en las Provincias Unidas. Las consecuencias de la nueva política económica fueron:
Aumento de las exportaciones de cueros, sebo, crin y carnes saladas
Incremento de las importaciones de productos manufacturados
El valor de las importaciones superó a las exportaciones: la balanza comercial se tornó desfavorable.
Salida de metálico hacia el exterior y escasez del mismo por falta de producción local.
Aumento de la recaudación de la Aduana
Los comerciantes ingleses llegaron a dominar el mercado.
Los comerciantes locales se vieron perjudicados por la competencia de los británicos
Se acentuó la orientación económica hacia el Atlántico. Londres y Liverpool se convirtieron en las nuevas metrópolis comerciales.
Se comienza el proceso de endeudamiento y la consiguiente perdida de soberanía, con Inglaterra, que usara las presiones derivadas de esos compromisos para controlar a su antojo la política de los gobiernos de la región. Mecanismo que hoy día siguen practicando las potencias imperialistas respecto a nuestros países.
Las actividades industriales en el territorio de las Provincias Unidas continuaron al margen de la Revolución Industrial que se operaba en Europa y no experimento avances excepto en el sector saladeril, sobre todo en los alrededores de Buenos Aires..
La liberalización del comercio favoreció a Buenos- Aires, como ciudad y provincia dueña del puerto. Los gobiernos de Buenos Aires eran los que fijaban los aranceles que debían pagar los productos que entraban y salían por el puerto, tendiendo a fortalecer el poder de los sectores dominantes en la capital y sumergiendo a las Provincias en el sometimiento y la ruina.
La situación generada por la guerra, sumada a una forma de producción caótica, destruyeron en pocos años la producción ganadera del Litoral -especialmente la de Entre Ríos, el sur de Santa Fe y la Banda Oriental-, que había sido la región productiva más importante entre 1750 y 1800.
En 1815 la miseria alcanzaba a los sectores mayoritarios de la población de las Provincias.
En contraposición a eso se levanta el proyecto artiguista:
Para 1814, la popularidad de Artigas se había extendido a varias de las actuales provincias argentinas, afectadas por la política de libre comercio y puerto único, promovida por Buenos Aires que arruinaba a los artesanos y campesinos del Interior. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Córdoba se unen a los orientales, formando la Liga de los Pueblos Libres. Como Protector de la Liga, Artigas luchó junto con los jefes litoraleños contra el centralismo del Directorio.
La liga formó una especie de mercado común regional en el que se protegía a los productores nacionales y se fomentaba la agricultura a través del reparto de tierras, animales y semillas. No pagaban impuestos las máquinas, los libros, las armas, la pólvora (elementos indispensables para el mantenimiento de la revolución) y las medicinas y derivaba el comercio del Litoral al puerto de Montevideo. En 1815, Artigas recuperó Montevideo, ocupada hasta entonces por las tropas porteñas, y convocó en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el 29 de Junio de 1815 al Congreso de los Pueblos Libres que se reunió en esa ciudad. Allí estaban los delegados de la Banda Oriental, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones.
Diferenciándose del liberalismo económico desenfrenado, promulgó el 9 de septiembre de 1815 un Reglamento de Comercio que establecía: “Que todos los impuestos que se impongan a las introducciones extranjeras, serán iguales en todas las Provincias Unidas, debiendo ser recargadas todas aquellas que perjudiquen nuestras artes o fábricas, a fin de dar fomento a la industria de nuestro territorio”.

En el marco de esas luchas debe analizarse el Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridadde sus Hacendados, del 10 de Setiembre de 1815.
1o. El señor alcalde provincial, además de sus facultades ordinarias, queda autorizado para distribuir terrenos y velar sobre la tranquilidad del vecindario, siendo el juez inmediato en todo el orden de la presente instrucción.
2o. En atención a la vasta extensión de la campaña podrá instituir tres sub-tenientes de provincia, señalándoles su jurisdicción respectiva y facultándolos según este reglamento.
3o. Uno deberá instituirse entre Uruguay y Río Negro, otro entre Río Negro y Yí; otro desde Santa Lucía a la costa de la mar, quedando el señor alcalde provincial con la jurisdicción inmediata desde el Yí hasta Santa Lucía.
4o. Si para el desempeño de tan importante comisión, hallare el señor alcalde provincial y sub-tenientes de provincia, necesitarse de más sujetos, podrá cada cual instituir en sus respectivas jurisdicciones jueces pedáneos, que ayuden a ejecutar las medidas adoptadas para el establecimiento del mejor orden.
5o. Estos comisionados darán cuenta a sus respectivos subtenientes de provincia; estos al señor alcalde provincial, de quien recibirán las ordenes precisas; este las recibirá del gobierno de Montevideo, y por este conducto serán transmisibles otras cualesquiera, que además de las indicadas en esta instrucción, se crean adaptables a las circunstancias.

Esta primera parte del Reglamento genera una estructura administrativa que ejecute el plan, con el mandato de distribuir terrenos y velar por la tranquilidad
6o. Por ahora el señor alcalde provincial y demás subalternos se dedicarán a fomentar con brazos útiles la población de la campaña. Para ello revisará cada uno, en sus respectivas jurisdicciones, los terrenos disponibles; y los sujetos dignos de esta gracia con prevención que los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia, los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia, si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad, y a la de la provincia.
7o. Serán también agraciadas las viudas pobres si tuvieren hijos. Serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros, y estos a cualquier extranjero.

Acá se hace presente el sujeto social de la revolución artiguista, “negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres”, los mas infelices, los brazos útiles, que poblaran la campaña serán los primeros en beneficiarse del reparto de tierras.
La revolución artiguista es una revolución de campesinos sin tierra. Sin dudas que queda clara la contraposición de intereses antagónicos con los grandes latifundistas vinculados al comercio con las metrópolis que representa el Directorio de Buenos Aires. Contradicción que había quedado en segundo plano, mientras dura la guerra contra España, al tener ambos sectores coincidencia de intereses en el punto de luchar contra la opresión colonialista. Pero que inmediatamente resuelto ese tema se manifiesta como la contradicción principal en las luchas que se dan posteriormente.
8o. Los solicitantes se apersonarán ante el señor alcalde provincial, o a los subalternos de los partidos, donde eligieron el terreno para su población. Estos darán su informe al señor alcalde provincial y este al gobierno de Montevideo de quien obtendrán legitimación de la donación, y la marca que deba distinguir las haciendas del interesado en lo sucesivo. Para ello, al tiempo de pedir la gracia se informará si el solicitante tiene o no marca, si la tiene será archivada en el libro de marcas, y de no, se le dará en la forma acostumbrada.
9o. El M.I.Cabildo Gobernador de Montevideo despachará estos rescriptos en la forma que estime más conveniente. Ellos y las marcas serán dados graciosamente, y se obligará al regidor encargado de propios de ciudad, lleve una razón exacta de estas donaciones de la provincia.
10o. Los agraciados serán puestos en posesión desde el momento en que se haga la denuncia por el señor alcalde provincial o por cualquiera de los subalternos de este.
11o.Después de la posesión serán obligados los agraciados por el señor alcalde provincial o demás subalternos a formar un rancho y dos corrales en el termino preciso de dos meses, los que cumplidos, si se advierte la misma negligencia, será aquel terreno donado a otro vecino más laborioso y benéfico a la provincia.

El establecimiento de marcas, la obligación de la construcción de una infraestructura mínima pero vital para diferenciar al establecimiento de rodeo, que será el punto de despegue del desarrollo económico, respecto a la estancia latifundista cimarrona, son señales claras del intento de organizar la producción, y acabar con el régimen anárquico de la estancia latifundista. Propuestas que ya durante la época de la colonia habían sido enfrentadas por los grandes terratenientes y que volverían a serlo.
12o. Los terrenos repartibles son todos aquellos de emigrados, malos europeos y peores americanos que hasta la fecha no se hallan indultados por el jefe de la provincia para poseer sus antiguas propiedades.
13o. Serán igualmente repartibles todos aquellos terrenos que desde el año 1810 hasta el de 1815, en que entraron los orientales a la plaza de Montevideo, hayan sido vendidos o donados por ella.
14o. En esta clase de terrenos habrá la excepción siguiente: si fueran donados o vendidos a orientales o extraños; si a los primeros, se les donará una suerte de estancia conforme al presente reglamento; si a los segundos, todo es disponible en la forma dicha.
15o. Para repartir los terrenos de europeos o malos americanos se tendrá presente si estos son casados o solteros. De estos todo es disponible. De aquellos se atenderá al número de sus hijos, y con concepto a que no sean perjudicados, se les dará bastante para que puedan mantenerse en lo sucesivo, siendo el resto disponible, si tuvieran demasiado terreno.

Aquí se marca el perfil político de la reforma agraria en el marco de la estrategia mas general de rompimiento con las estructuras de dependencia del extranjero, las tierras a expropiar en primer lugar son las de extranjeros o las repartidas por extranjeros o contrarrevolucionarios, y de instauración de un nuevo régimen donde sea el beneficio de las mayorías el que se imponga.
16o. La demarcación de los terrenos agraciables será legua y media de frente, y dos de fondo, en la inteligencia que puede hacerse más o menos extensiva la demarcación, según la localidad del terreno en el cual siempre se proporcionarán aguadas, y si lo permite el lugar, linderos fijos; quedando al celo de los comisionados, economizar el terreno en lo posible, y evitar en lo sucesivo desavenencias entre vecinos.
El tamaño medio de las estancias se reduce, se tiende a un aprovechamiento mas racional de los recursos, rompiendo con los antiguos reglamentos de la época colonial que consagraban el latifundio.
17o. Se velará por el gobierno, el señor alcalde provincial, y demás subalternos para que los agraciados no posean más de una suerte de estancia. Podrán ser privilegiados sin embargo, los que no tengan más que una suerte de chacra; podrán también ser agraciados los americanos que quisieran mudar posesión, dejando la que tienen a beneficio de la provincia.
Se socializa la riqueza, a la medida de la realidad de la época por supuesto. Nadie podrá tener más de una estancia, se tiende a que todos los que quieran trabajar tengan la oportunidad de hacerlo y se tiende a evitar la concentración de la riqueza en pocas manos, lo que reproduciría inevitablemente el sistema económico anterior.
18o. Podrán reservarse únicamente para beneficio de la provincia el rincón de Pan de Azucar y el del Cerro para mantener las reyunadas de su servicio. El Rincón del Rosario, por su extensión puede repartirse hacia el lado de afuera entre algunos agraciados, reservando en los fondos una extensión bastante a mantener cinco o seis mil reyunos de los dichos.
19o. Los agraciados, ni podrán enajenar, ni vender estas suertes de estancia, ni contraer sobre ellas débito alguno, bajo la pena de nulidad hasta el arreglo formal de la provincia, en que ella deliberará lo conveniente.
20o. El M.I.Cabildo Gobernador, o quien el comisione, me pasará un stado del número de agraciados y sus posiciones para mi conocimiento.
21o. Cualquier terreno anteriormente agraciado entrará en el orden del presente reglamento, debiendo los interesados recabar por medio del señor alcalde provincial su legitimación en la manera arriba expuesta, del M.I.Cabildo de Montevideo.
22o. Para facilitar el adelantamiento de estos agraciados, quedan facultados el señor alcalde provincial y los tres subtenientes de provincia, quienes únicamente podrán dar licencia para que dichos agraciados se reúnan y saquen animales, así vacunos como caballares, de las mismas estancias de los europeos y malos americanos que se hallen en sus respectivas jurisdicciones. En manera alguna se permitirá que ellos por si solos lo hagan: siempre se les señalara un juez pedáneo, u otro comisionado para que no se destrocen las haciendas en las correrías, y las que se tomen se distribuyan con igualdad entre los concurrentes, debiendo igualmente celar así el alcalde provincial, como los demás subalternos, que dichos ganados agraciados no sean aplicados a otro uso que el de amansarlos, caparlos y sujetarlos a rodeo.
23o. También prohibirán todas las matanzas a los hacendados, si no acreditan ser ganados de su marca; de lo contrario serán decomisados todos los productos, y mandados a disposición del gobierno.

Se establece el ordenamiento del reparto y de la producción, se busca un sistema que funcione organizadamente, de acuerdo a las máximas posibilidades de la realidad concreta, y se tiende a asegurar el reparto equitativo de la riqueza. Punto importante, de nada sirve la sola propiedad de la tierra sin el ganado, que es el medio para explotarla, por eso no solo se reparten las tierras sino también los medios para trabajarla, lo que en ese momento era el ganado.
24o. En atención a la escasez de ganados que experimenta la provincia se prohibirá toda tropa de ganado para Portugal. Al mismo tiempo que se prohibirá a los mismos hacendados la matanza del hembraje, hasta el restablecimiento de la campaña.
Se toman medidas generales de reestablecimiento de la producción ganadera, la revolución construye lo nuevo a partir de lo viejo, asume la tarea inmediata de optimizar la producción que ya existe, y de repartir la riqueza que ya existe, asegurando al mismo tiempo la posibilidad de su reproducción. Se prohíbe la exportación del ganado en pie, se prohíbe la matanza del hembraje hasta el restablecimiento de un stock mínimo, se establece que los ganados entregados serán usados para la producción, capados, amansados, marcados, sometidos a rodeo.
25o. Para estos fines, como para desterrar los vagabundos, aprehender malhechores y desertores, se le dará al señor alcalde provincial, ocho hombres y un sargento, y a cada tenencia de provincia, cuatro soldados y un cabo. El cabildo deliberará si estos deberan ser vecinos, que deberán mudarse mensualmente, o de soldados pagos que hagan de esta suerte su fatiga.
26o. Los tenientes de provincias no entenderán en demandas. Esto es privativo del señor alcalde provincial, y de los jueces de los pueblos y partidos.
27o. Los destinados a esta comisión, no tendrán otro ejercicio que distribuir terrenos y propender a su fomento, velar sobre la aprehensión de los vagos, remitiéndolos o a este Cuartel General, o al gobierno de Montevideo, para el servicio de las armas. En consecuencia, los hacendados darán papeletas a sus peones, y los que hallaren sin este requisito, y sin otro ejercicio que vagar, serán remitidos en la forma dicha.
28o. Serán igualmente remitidos a este Cuartel General los desertores con armas o sin ellas que sin licencia de sus jefes se encuentren en alguna de estas jurisdicciones.
29o. Serán igualmente remitidos por el subalterno al alcalde provincial cualquiera que cometiere algún homicidio, hurto o violencia con cualquier vecino de su jurisdicción. Al efecto lo remitirá asegurado ante el señor alcalde provincial y un oficio insinuándole del hecho. Con este oficio, que servirá de cabeza de proceso a la causa del delincuente, lo remitirá el señor alcalde provincial al gobierno de Montevideo, para que este tome los informes convenientes, y proceda al castigo según delito.
Todo lo cual se resolvió de común acuerdo con el señor alcalde provincial don Juan León y don León López, delegados con este fin; y para su cumplimiento lo firme en este Cuartel General a 10 de setiembre de 1815. José Artigas

Tanto el reglamento de tierras como la reglamentación de comercio entre las Provincias constituyen un proyecto de desarrollo económico para las mismas, que tendía a romper el sometimiento respecto a Europa, y que se basaba en un modelo de desarrollo donde los beneficiados serian la grandes mayorías que verían distribuida la riqueza de forma equitativa. Por lo mismo propendía a la cooperación entre las provincias, tendiendo al desarrollo de todas, privilegiando las más atrasadas por ser las que mas necesitarían de la ayuda del resto.
En ese sentido no puede extrañar la propuesta federalista, de unión de los pueblos en base a la cooperación y sobre todo como contraposición concreta al modelo centralista de la ciudad puerto, sede del poder de los grandes terratenientes y comerciantes vinculados a Europa, Buenos Aires.
En síntesis un proyecto de desarrollo regional soberano, independiente y de amplia base social, antagónico con el proyecto centralista de integración de las Provincias en el mundo imperialista para beneficio de los grandes comerciantes y terratenientes. Como toda contradicción antagónica se resuelve por la violencia, la guerra era inevitable y el pueblo en armas de Artigas se enfrento a las tropas de los imperios y los gobiernos cómplices.
La derrota militar de este proyecto, fruto de la inferioridad numérica, la traición, y la inferioridad técnica, no niega de ninguna manera lo acertado de la propuesta.
La historia de nuestra región confirmo dramáticamente que el camino emprendido por los vencedores de entonces, no puede de ninguna manera asegurar el desarrollo de nuestros pueblos y el sometimiento, el atraso, la injusticia y la miseria de hoy son prueba de ello. La necesidad de un proceso de desarrollo independiente de nuestros pueblos esta hoy, exactamente igual que ayer, unida indisolublemente a la lucha contra los grandes terratenientes, los latifundistas, que hoy son además banqueros y gerentes de las multinacionales, a la lucha contra los imperios de turno, ayer contra los españoles, los portugueses y los ingleses, hoy principalmente contra los yankis.

Al igual que ayer la definición de esta contradicción estará en manos del “pueblo reunido y en armas” para enfrentar a “los malos europeos y a los peores americanos”.

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