El Proyecto Integral Artiguista. La Revolución Inconclusa.

ARTIGUISMO-CHARLA II-
3 DE SETIEMBRE DE 2010



El proyecto político artiguista y el proceso revolucionario mediante el cual se intentó llevar a cabo, representó la fusión de lo más avanzado de la ideología de la época, la ideología de la burguesía revolucionaria, con las masas oprimidas y con los sectores mas explotados por el colonialismo español en América del sur.
Fue un proceso que involucro a las más amplias masas tras el objetivo de independencia, federalismo, soberanía económica y libertades civiles.

Fue un proceso que, si bien al principio cuenta con el concurso de prácticamente todos los sectores sociales, desde los grandes terratenientes hasta los más desposeídos, se irá decantando a medida que la lucha por la soberanía contra el imperio español va pasando a convertirse en lucha por reformas políticas y sociales en beneficio de las grandes masas explotadas, de manera que pronto se pasa a una confrontación entre estos diversos sectores sociales.
El proceso revolucionario latinoamericano contra el imperio español termino la etapa del colonialismo y abrió un periodo donde se planteo la disputa entre dos modelos opuestos.
Por un lado el proyecto de los grandes terratenientes criollos y los sectores vinculados al comercio de exportación e importación de las ciudades puerto, Montevideo y sobre todo Buenos Aires, que impulsaban un proyecto de integración a la estructura imperialista mundial que veía consolidarse a Inglaterra como potencia hegemónica, que con su desarrollo industrial se mostraba ávida de mercados para su exportación y fuentes de materias primas.
Estos sectores, que impulsaron la revolución buscando romper las ataduras que les imponía la agonizante España, y poder avanzar, al mismo tiempo que consolidaban sus privilegios, hacia un desarrollo económico dependiente de las metrópolis, apostando al libre comercio que impulsaba Inglaterra, y al mantenimiento de la estructura de propiedad existente, basada en el latifundio, heredada de la época colonial, son los que impulsaron las tendencias políticas del centralismo.

A este proyecto se le oponía otro proyecto para esta región, apostando a un desarrollo hacia adentro y no un desarrollo supeditado al imperialismo.
Es un proyecto que se basaba en el desarrollo a partir del uso más eficiente de los recursos y en la transformación de la estructura social existente. Era un desarrollo que apostaba a sustituir al latifundio, que tendía a hacer que la propiedad de la tierra y de sus riquezas, en particular el ganado, pasara a manos de sectores sociales marginados por el gran terrateniente extranjero y también por el criollo.
Es el proyecto de la Reforma Agraria, es el proyecto de la reforma del comercio que privilegiaba el comercio entre las provincias, que eliminaba los puertos privilegiados, que imponía límites al tráfico con las metrópolis estimulando el desarrollo de una industria local. Es el proyecto del federalismo, del desarrollo conjunto de todas las provincias aplicando en todo momento el principio de que los más infelices fueran los más privilegiados.
Es el proyecto defendido por Artigas y su pueblo en armas.

Situación económica bajo el colonialismo español

Desde el descubrimiento a principios del siglo XIX, transcurren tres siglos donde el dominio imperial español se caracterizó por el despojo y la discriminación en todas las esferas a favor de los peninsulares.
El sistema económico estaba basado en el provecho exclusivo de la corona española, con monopolios que asfixiaban económicamente a los criollos. Las provincias podían venderle solamente a España, no podían comerciar entre sí, debían venderle sus productos sin manufacturarlos, debían comprar a España todo lo que abastecía a las colonias. Todo debía transportarse en navíos españoles. La mercadería se introducía a América dos veces al año, por flota de galeones a Panamá y de allí a Lima y luego a lomo de burro a Buenos Aires, provocando el encarecimiento irracional del precio de los productos y aún más el desabastecimiento. El latifundio y pequeños y medianos predios son la fuente de la producción ganadera. La industria de cueros que se exporta a Europa y la industria saladeril que alimenta a los mercados esclavos son los sectores industriales más importantes. El comercio funcionaba mediante monopolios asignados a arbitrariedad y en relación con el poder. El tráfico negrero, la tenencia de barcos, el comercio y expedición de los productos a la metrópoli y el préstamo usurario generan una burguesía comercial floreciente en el puerto de Montevideo, ligada a los funcionarios de la Corona.
Este sistema económico perjudicaba a distintos sectores, dueños de sus propios intereses y puntos de vista: una clase alta que cobró importancia y fue decisivo en la definición política de la Banda Oriental formado de criollos y que sobre la base de mercedes reales, repartos, composiciones y remates se convirtieron en latifundistas, barraqueros, exportadores, importadores, negreros, registreros, letrados, saladeristas y jerarcas del clero.
Otro grupo intermedio formado por medianos y pequeños propietarios, funcionarios desplazados, comerciantes que alternaban el comercio legal con el contrabando, intelectuales y bajo clero, pequeños industriales (graserías, talabarterías, hornos de ladrillo, panaderías) pequeños comerciantes, pulperos, pobladores sin título ni fortuna, agricultores.
Ocupantes de tierra, gauchos, indios y trabajadores (lanchoneros, boteros, calafates, artesanos).
Si bien todos estos sectores sociales acompañan al inicio la revolución, las clases altas abandonarán la lucha en primera instancia para traicionarla después, en la medida que el proceso Artiguista asumió las banderas de independencia, federalismo, democracia y justicia social.

El proyecto integral del artiguismo

Las instrucciones del año XIII, donde se preparo la intervención de los diputados orientales ante Asamblea Nacional General Constituyente (Asamblea del año XIII), fijada en la Ciudad de Buenos Aires, donde se debían establecer las bases del nuevo sistema político y económico a aplicarse en el rio de la Plata resumen, por su contenido y por la forma en que se elaboran, la esencia del proyecto integral artiguista.
Es importante señalar que estos documentos políticos que analizamos no son una mera declaración de principios, sino que son posiciones políticas tomadas por un gobierno revolucionario y por lo tanto fueron acompañadas de medidas para ser aplicadas efectivamente, en el marco de la guerra revolucionaria.
Los puntos esenciales de este proyecto político son la soberanía de las provincias, desde el punto político, económico y militar, respecto a las potencias europeas, pero también respecto a cualquier Provincia que quisiera erigirse en hegemónica sobre las otras, caso Buenos Aires.
En ese sentido el concepto de federalismo era inseparable del primero y por extensión estos derechos políticos de las provincias debían afectar a sus ciudadanos, por lo que las libertades civiles, y el gobierno republicano eran principios fundamentales en los planteos políticos artiguistas.
Al analizar con una mayor profundidad estos planteos debe insistirse en manejar el contexto en el que fueron hechos. Un contexto de guerra independentista y de fortísimas luchas entre dos concepciones opuestas a la interna de las fuerzas revolucionarias, el centralismo porteño y el federalismo defendido por Artigas.
De este modo, las instrucciones del año XIII se generan en medio de una importante crisis política donde el gobierno de Buenos Aires había pretendido quitar el poder a Artigas y sustituirlo en el gobierno de la Banda Oriental por gente de su confianza y al servicio de sus intereses.
En ese marco se desarrolla el congreso de Tres Cruces, donde desde el discurso inaugural se perfilan claramente los planteos artiguistas enfrentados al centralismo porteño y se ve claramente en ellos la inspiración de la ideología burguesía revolucionaria.

Oración inaugural (leída el 5 de abril)
“Ciudadanos: el resultado de la campaña pasada me puso al frente de vosotros por el voto sagrado de vuestra voluntad general. Hemos corrido 17 meses cubiertos de la gloria y la miseria y tengo la honra de volver a hablaros en la segunda vez que hacéis el uso de vuestra soberanía. En ese período yo creo que el resultado correspondía a vuestros designios grandes. El formará la admiración de las edades. Los portugueses no son los señores de nuestro territorio. De nada habrían servido nuestros trabajos si no fuesen marcados con la energía y constancia y no tuviesen por guía los principios inviolables del sistema que hizo su objeto. Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana. Vosotros estáis en el pleno goce de vuestros derechos: ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos y ved ahí también todo el premio de mi afán. Ahora en vosotros está él conservarlo. Yo tengo la satisfacción honrosa de presentar de nuevo mis sacrificios y desvelos, si gustáis hacerlo estable.”
(…)
“La Asamblea General, tantas veces anunciada, empezó ya sus funciones en Buenos Aires. Su reconocimiento nos ha sido ordenado. Resolver sobre ese particular ha dado motivo a esta congregación, porque yo ofendería altamente vuestro carácter y el mío, vulnerando enormemente vuestros derechos sagrados, si pasase a resolver por mí una reservada sólo a vosotros. Bajo ese concepto yo tengo la honra de proponeros los tres puntos que ahora deben hacer el objeto de vuestra expresión soberana:”
“1. Si debemos proceder al reconocimiento de la Asamblea General antes del allanamiento de nuestras pretensiones encomendadas a nuestro diputado don Tomás García de Zúñiga.”
“2. Proveer de mayor número de diputados que sufraguen por este territorio en dicha Asamblea.”
“3. Instalar aquí una autoridad que restablezca la economía del país.”
(…)
“Ciudadanos: los pueblos deben ser libres. Su carácter debe ser su único objeto y formar el motivo de su celo. Por desgracia, 1810-1813 va a contar tres años nuestra revolución y aún falta una salvaguardia general al derecho popular. Estamos aún bajo la fe de los hombres y no aparecen las seguridades del contrato. Todo extremo envuelve fatalidad: por eso una confianza desmedida sofocaría los mejores planes; ¿pero es acaso menos temible un exceso de confianza? Toda clase de precaución debe prodigarse cuando se trata de fijar nuestro destino. Es muy veleidosa la probidad de los hombres; sólo el freno de la constitución puede afirmarla. Mientras ella no exista, es preciso adoptar las medidas que equivalgan a la garantía preciosa que ella ofrece. Yo opinaré siempre que sin allanar las pretensiones pendientes, no debe ostentarse el reconocimiento y jura que se exigen. Ellas son las consiguientes del sistema que defendemos y cuando el ejército la propuso no hizo más que decir quiero ser libre.”
(…)
“Ciudadanos: la energía es el recurso de las almas grandes.”
“Ella nos ha hecho hijos de la victoria y plantado para siempre el laurel en nuestro suelo: si somos libres, si no queréis deshonrar vuestros afanes casi diurnos y si respetáis la memoria de vuestros sacrificios, examinad si debéis reconocer la Asamblea por obedecimiento o por pacto. No hay un sólo motivo conveniencia para el primer caso que no sea contrastable en el segundo y al fin reportaréis la ventaja de haberlo conciliado todo con vuestra libertad inviolable. Esto, ni por asomos, se acerca a una separación nacional: garantir las consecuencias del reconocimiento, no es negar el reconocimiento y bajo todo principio será compatible un reproche a vuestra conducta; en tal caso con las miras liberales y fundamentos que autorizan hasta la misma instalación de la Asamblea. Vuestro temor la ultrajaría altamente y si no hay un motivo para creer que ella vulnere nuestros derechos, es consiguiente que tampoco debemos temerle para atrevernos a pensar que ella increpe nuestra precaución.”
“De todos modos la energía es necesaria. No hay un solo golpe de energía que no sea marcado con el laurel. ¿Qué glorias no habéis adquirido ostentando esa virtud?”
“Orientales: visitad las cenizas de vuestros conciudadanos.”
“¡Ah, que ellas desde lo hondo de sus sepulcros no nos amenacen con la venganza de una sangre que vertieron para hacerla servir a nuestra grandeza! Ciudadanos: pensad, meditad y no cubráis de oprobio las glorias, los trabajos de 529 días* en que visteis la muerte de vuestros hermanos, la aflicción de vuestras esposas, la desnudez de vuestros hijos, el destrozo y exterminio de vuestras haciendas y en que visteis restar sólo los escombros y ruinas por vestigio de vuestra opulencia antigua: ellos forman la base al edificio augusto de vuestra libertad.”
“Ciudadanos: hacernos respetables es la garantía indestructible de vuestros afanes ulteriores para conservarla.”
“Delante de Montevideo, a 4 de abril de 1813.
José Artigas”

Ya en la oración inaugural se plantea el tema de la Asamblea Constituyente en una manera opuesta a los intereses porteños. Artigas propone que la Provincia primero debe decidir por sí y ante sí, si reconoce o no la Asamblea Constituyente, es decir que como provincia libre y soberana decide o no unirse al resto.
Por otro lado ya se plantea la cuestión urgente del establecimiento de un gobierno que atienda las necesidades de la Provincia, reafirmando el hecho de que no se trata acá de declaraciones de principios, sino de resoluciones políticas de extrema actualidad para el momento.
Al mismo tiempo se insiste en la necesidad del establecimiento de un estado de derecho, es decir del establecimiento de una constitución y de leyes, así como de un gobierno que las aplique, asegurando la igualdad formal entre los ciudadanos. Todo esto expresión clara de la influencia de la ideología liberal burguesa en el proyecto revolucionario.
Aceptados los planteos artiguistas se decide la redacción de una serie de condiciones mediante las cuales era aceptable para la Provincia Oriental el reconocimiento de la Asamblea Constituyente.
Básicamente se establecen una serie de garantías para que la Provincia pueda integrarse manteniendo su soberanía al conjunto de las Provincias del Plata, medidas que sobre todo apuntaban al mantenimiento del gobierno de la provincia fuera del control porteño, tanto en el plano político, como, obviamente, en el plano militar.
Una comisión de tres personas es encargada de redactar las condiciones que exigía la Provincia Oriental para reconocer la Asamblea constituyente
“El Pueblo de la Banda Oriental de las Provincias Unidas del Río de la Plata, habiendo concurrido por medio de sus respectivos Diputados a manifestar su parecer sobre el reconocimiento de la Soberana Asamblea Constituyente, después de examinada la voluntad general convinieron en el reconocimiento de dicha Soberana Asamblea, bajo las condiciones que fijasen los señores diputados don León Pérez, don Juan José Durán y don Pedro Fabián Pérez que para el efecto comisionaron. Los cuales después de una bien meditada discusión, sobre la decisión de tan importante objeto resolvieron lo siguiente:”
“1. Se dará pública satisfacción a los Orientales por la conducta antliberal que han manifestado en medio de ellos los señores Sarratea, Viana y demás expulsos y en razón de que el General don José Artigas y sus tropas han garantido la seguridad de la Patria; especialmente en la Campaña del año 1811 contra las agresiones de la nación portuguesa, serán declarados como verdaderos defensores del sistema de libertad proclamado en América.”
“2. No se levantará el Sitio puesto a la Plaza de Montevideo, ni se desmembrará la fuerza del modo que se inutilice el proyecto de su ocupación.”
“3. Continuarán suministrándose de Buenos Aires los auxilios que sean posibles para el fin del asedio.”
“4. No se enviará de Buenos Aires otro Jefe para el Ejército Auxiliador de esta Banda, ni se removerá al actual.”
“5. Se devolverá el armamento perteneciente al Regimiento de Blandengues, que han conducido los que marcharon acompañando a los expulsos.”
“6. Será reconocida y garantida la confederación defensiva y ofensiva de esta Banda con el resto de las Provincias Unidas, renunciando cualquiera de ellas la subyugación a que se ha dado fomento por la conducta del anterior Gobierno.”
“7. En consecuencia de dicha Confederación se dejará a esta Banda en la plena libertad que ha adquirido como provincia compuesta de Pueblos Libres; pero queda desde ahora sujeta a la constitución que emane y resulte del Soberano Congreso General de la Nación, y a sus disposiciones consiguientes teniendo por base la libertad.”
“8. En virtud de que en la Banda Oriental existen cinco Cabildos en 23 Pueblos se ha acordado deban reunirse en la Asamblea General cinco Diputados por todos ellos; cuyo nombramiento según la espontánea elección de los Pueblos recayó en los ciudadanos don Dámaso Antonio Larrañaga y don Mateo Vidal por la ciudad de Montevideo: don Dámaso Gómez de Fonseca por la ciudad de Maldonado y su jurisdicción; don Marcos Salcedo por San Juan Bautista (Santa Lucia) y San José; don Felipe Cardozo por Canelones y su jurisdicción, doctor don Francisco Bruno de Rivarola por Santo Domingo Soriano y su jurisdicción. Cuyas condiciones establecidas por el poder en que nos han constituido dichos señores diputados, se los presentamos para que si son de su superior aprobación las firmen con nosotros.”
“León Pérez. Juan José Duran. Pedro Fabián Pérez.”

Las instrucciones

Ese mismo día 5, los representantes recibieron las instrucciones que hoy día se conocen como de “Santa Fe”. Esto, si nos atenemos a lo expresado en el ejemplar que se conoce destinado al diputado santafesino al Congreso de Oriente, don Pascual Andino, en junio de 1815.
En ellas se puede observar el desarrollo de los principios que mencionábamos antes, soberanía, federalismo, gobierno republicano, libertades civiles.
Artículo 1°: Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias, que ellas estén absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta.
El primer artículo establece claramente la declaración de la independencia respecto a España y es lo primero que debía plantearse formalmente para el desarrollo de los otros puntos
Artículo 2°: No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las provincias que forman nuestro Estado.
Inmediatamente se plantea la forma organizativa que las Provincias deberían asumir, el federalismo, la confederación de las provincias como iguales entre sí.
Artículo 3°: Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.
Artículo 4°: Como el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los Ciudadanos y los Pueblos, cada provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del Gobierno Supremo de la Nación.

Estos dos artículos establecen los principios de libertad civil, de clara inspiración en la ideología de la burguesía liberal.
Artículo 5°: Así éste como aquel se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial.
Artículo 6°: Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades.

Estos otros artículos establecen el tipo de gobierno que se instalara, la Republica. La influencia de la ideología burguesa más adelantada de la época es clarísima y el choque contra los sectores más reaccionarios de Buenos Aires que incluso aspiraban a la instalación de un gobierno monárquico en el Rio de la Plata, esta asegurado.
Artículo 7°: El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al Gobierno de cada Provincia.
Ya en estos artículos se desarrollan las idea federalistas estableciendo limites al gobierno central
Artículo 8°: El territorio que ocupan estos Pueblos desde la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa forman una sola Provincia, denominante la Provincia Oriental.
Artículo 9°: Que los siete Pueblos de Misiones, los de Batoví, Santa Tecla, San Rafael y Tacuarembó que hoy ocupan injustamente los Portugueses y a su tiempo deben reclamarse serán en todo tiempo territorio de esta Provincia.

Acá se desarrolla el concepto de soberanía de la provincia reclamando los territorios conquistados por los portugueses, lo que aseguraba la continuación del conflicto con ese país, cosa que tampoco estaba dispuesta a asumir el gobierno porteño.
Artículo 10°: Que esta Provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras para su mutua y general felicidad, obligándose asistir a cada una de las otras contra toda violencia, o ataques hechos sobre ella o sobre alguna de ellas por motivo de religión, soberanía, tráfico o algún otro pretexto cualquiera que sea.
Artículo 11°: Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso.
Artículo 12°: Que el puerto de Maldonado sea libre para todos los buques que concurran a la introducción de efectos y exportación de frutos poniéndose la correspondiente Aduana en aquel Pueblo; pidiendo al efecto se oficie al Comandante de las Fuerzas de Su Majestad Británica, sobre la apertura de aquel Puerto para que proteja la navegación o comercio de su Nación.
Artículo 13°: Que el Puerto de la Colonia sea igualmente habilitado en los términos prescriptos en el artículo anterior.
Artículo 14°: Que ninguna tasa o derecho se imponga sobre artículos exportados de una provincia a otra; ni que ninguna preferencia se de por cualquiera regulación de Comercio o renta a los Puertos de una Provincia sobre las de otras ni los Barcos destinados de esta Provincia a otra serán obligados a entrar a anclar o pagar Derechos en otra.
Artículo 15°: No permita se haga ley para esta Provincia sobre bienes de Extranjeros que mueren intestados, sobre multa y confiscaciones que se aplicaban antes al Rey; y sobre territorios de éste mientras ella no forma su reglamento y determine a que fondos deben aplicarse como única al Derecho de hacerlo en lo económico de su jurisdicción.
Artículo 16°: Que esta Provincia tendrá su Constitución territorial; y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas, que forma la Asamblea Constituyente.
Artículo 17°: Que esta Provincia tiene derecho para levantar los Regimientos que necesite, nombrar los oficiales de Compañía, reglar la Milicia de ella para seguridad de su libertad por lo que no podrá violarse el derecho de los Pueblos para guardar y tener armas.

Acá aparecen desarrollados una serie de planteos respecto al concepto de federalismo que se propugnaba para las Provincias.
Este planteo está indisolublemente ligado al de respeto de la soberanía de cada una de ellas. Soberanía económica, política y militar, toda una serie de puntos contrarios al centralismo porteño.
Artículo 18°: El Despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la Soberanía de los Pueblos.
Artículo 19°: Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires, donde reside el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas.
Artículo 20°: La Constitución garantiza a las Provincias Unidas una forma de gobierno republicana; y que asegure a cada una de ellas de las violencias domésticas, usurpación de sus Derechos, libertad y seguridad de su soberanía que con la fuerza armada intente alguna de ellas sofocar los principios proclamados. Y asimismo prestará toda su atención, honor, fidelidad y religiosidad a todo cuanto crea o juzgue necesario para preservar a esta Provincia las ventajas de la Libertad y mantener un Gobierno libre, de piedad, justicia, moderación e industria. Para todo lo cual, etc.

En los últimos artículos se explicitan las dos ideas centrales: el gobierno de las provincias no puede ser otro que una democracia republicana y el centralismo porteño es inaceptable ya que ese modelo es incompatible con el de desarrollo armónico de las provincias en el marco de un pacto federal.
Ante esta posición de los representantes de la Provincia Oriental el enfrentamiento con Buenos Aires es inevitable.
Los diputados son rechazados y se abre en los hechos el periodo de guerra entre las fuerzas federales y el centralismo porteño.
La posición de Artigas ante esta situación queda explicita en una carta enviada al gobierno del Paraguay, con el que mantenía muy buenos lazaos desde antes.
“Señores Presidente y Vocales de la Junta gubernativa de la provincia del Paraguay.”
“Llegada a su término la moderación, compromete ya el honor de esta Provincia, su seguridad y su libertad. Las medidas deben ser acomodables a lo crítico de las circunstancias y extensivas ya a la consolidación.”
“Buenos Aires, constante siempre con sus proyectos de hollar la dignidad de los pueblos, ha avanzado sus pasos y los ha marcado con el escándalo.”
“Nuestro rol de diputados me avisa con fecha 18 del pasado la necesidad de garantir nuestra seguridad ulterior. Que el gobierno de Buenos Aires levanta tropas, con el fin de situarlas sobre el Uruguay y Paraná para destruir nuestras combinaciones y fijar para siempre nuestra humillación. Cuenta con más de tres mil fusiles para la empresa y se halla tanto más decidido a realizarla cuanto observa los motivos para temer el influjo de estas dos provincias sobre las decisiones de los otros pueblos. Yo tengo datos para no dudar de la verdad de estos anuncios. La alarma de Entre Ríos -en sus efectos- reafirma el concepto y la conducta escandalosa que se ha tenido con nuestros diputados, convence hasta la evidencia. La incorporación les ha sido negada, dejándose descubrir el plan en la impostura que sirve de garantía el decreto inserto en el Redactor del 12. Las circunstancias que envuelve el presente período, parecen destinadas a contener toda resolución que no consulte las miras generales que se propone la América; pero la alternativa -es demasiado imponente y es necesario deslindar la materia y concluir- que los enemigos de la libertad se han multiplicado.”
“Yo no he podido contenerme. Todas mis medidas no podrían lisonjearme en los resultados -si la prontitud no entrase en el cálculo. La justicia está de acuerdo con la necesidad, bajo la que he formalizado una comisión que he fiado al diputado Dámaso Antonio Larrañaga.”
“Campo delante de Montevideo, 3 de julio de 1813.
José Artigas.”

La guerra entre los dos proyectos políticos para nuestra América estallaba.
Por un lado las ideas más progresistas, las que atendían a los intereses de las mayorías y que apuntaban al desarrollo soberano de nuestros países, por otro lado las ideas más retrogradas, las que responden a los intereses de las elites criollas acomodadas con las potencias imperiales y a la incorporación de nuestros países al mercado mundial como apéndices de las economías centrales, condenados a la miseria y el atraso.

Los resultados de estos dos siglos han demostrado que han sido las fuerzas de la reacción las que militarmente, con el apoyo de las potencias imperiales, han venido imponiéndose ante los que quieren continuar esta revolución inconclusa.
Sin embargo la vigencia política de las ideas que inspiraron la lucha artiguista siguen mas vigentes que nunca. Libertad frente a las potencias extranjeras, unidad de los pueblos libres de América, sin que ninguno se imponga a los demás, soberanía económica política y militar, libertades civiles y democráticas, gobierno al servicio de las mayorías y rechazo a todo despotismo.
Ideas que en siglo XXI, los que pretendemos ser continuadores de esa lucha identificamos con la consigna de liberación nacional y socialismo.

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